domingo, 17 de mayo de 2026

Crónica de la Edad de la Incertidumbre.

 


Dibujo mío de hace años realizado con lápices y rotulador de punta fina.



Introducción.

Estamos en una época en la que el orden establecido tras la Segunda Guerra Mundial va a cambiar. Sabemos que cambiarán cosas y estamos recibiendo constantes mensajes alarmistas. La sensación no es nada buena: la incertidumbre no nos gusta, da miedo. Pero vivimos en la época de la incertidumbre.

Van a ser necesarias políticas sociales serias, por lo que debería haber una junta formada por expertos de los principales partidos, pero eso no sucederá jamás, la democracia no funciona así. Eso ocurriría en ese mundo utópico que todos tenemos en la cabeza. En la vida real todo es más prosaico y los partidos y los oligarcas desarrollan un juego en el que todos los participantes suelen tomar, si pueden, la opción más egoísta, para tomar el poder o para permanecer en él. La democracia es eso, porque la democracia consiste en ganar en solitario para ordenar las cosas a conveniencia. Nunca hemos vivido mejor, pero ya no podemos ser más ricos, y eso también nos hace sentir mucha incertidumbre acerca de lo que nos deparará la vida. Esa incertidumbre nos enferma y al mismo tiempo mantiene el orden, es necesaria para que se mantenga la fe en la democracia.

No hay que confundir incertidumbre con confusión. A lo largo de este artículo voy a exponer cosas que van a confundir, pero mi intención es aclarar el desbarajuste social, económico y cultural en el que vivimos y de dónde viene. Intentaré ser muy explícito para que todo se entienda bien, pero si eres alguien que no está acostumbrado a leer y no tienes muchos conocimientos quizá sí te resulte confuso y quizá algunas cosas te resulten dolorosas. Mi intención en todo momento es ser claro y no hacer daño.

 



Cómo hemos cambiado.

Hubo varios momentos en los que toda la estructura cambió. Cambió la situación mundial, se firmaron pactos, se efectuaron cambios orgánicos y la propaganda y los incendios del Reichstag hicieron el resto. En España podemos tomar como hitos 2004, 2011 y 2015:

-En 2004 España se alinea con las políticas "globalistas" después de la victoria de José Luis Rodríguez Zapatero, facilitada por el mayor atentado terrorista sufrido por España tres días antes de las elecciones. Lo interesante de esto fue que hubo un consenso político sobre la continuidad de las elecciones. Se dijeron muchas cosas, pero todo siguió en marcha. No es justo decir que el PSOE sea el culpable de las políticas migratorias, porque el PP mantiene los pactos con la ONU desde 1996 (sobre lo acordado en la Cumbre de El Cairo de 1994). Llevamos 30 años con esas políticas, cuya principal función es la de reponer la mano de obra en sociedades envejecidas (pero no se actúa sobre las causas de ese envejecimiento).

-En 2011 el 15M fue la revolución de colores juvenil de España justo después de las Primaveras Árabes: a partir de entonces el discurso político se volvió emocional (e irracional), las personas mayores de 45 años fueron desplazadas y sobre la juventud (<35) se generó necesidad de compra de vivienda, lo que provocó más demanda y muchos problemas. La cultura democrática cambió, se adoptó la cultura de la cancelación y la sociedad quedó polarizada.

-En 2015 se reafirman las políticas de los Objetivos del Milenio cuando el PP firma la Agenda 2030 (mandaba Rajoy), se crean organismos ad hoc y el Estado empieza a estructurarse en torno a esta agenda. Actualmente se destina aproximadamente la mitad del presupuesto a la Agenda 2030 a sus instituciones y organismos. El propio Estado es una máquina cuyo fin es implantar esa agenda de Naciones Unidas.

Ahora en 2026 todo se ha puesto patas arriba: el conflicto latente con el petróleo que Occidente viene soportando desde 1973 ha estallado, Israel quiere imponerse como potencia en Oriente Medio y Estados Unidos domina el mercado mundial de hidrocarburos, después de provocar una guerra en Europa, en Ucrania, que mantiene a Rusia fuera del mercado oficial de hidrocarburos, de los sistemas de pago principales y en bloqueo comercial. Pero las cosas no pasan porque sí ni empiezan hace dos días. Vayamos atrás en el tiempo.

Desde 1975 (quizá antes) en España se vienen adoptando la cultura norteamericana y el neoliberalismo. En esto viene implícito un estilo de alta calidad de vida y de baja natalidad. Con el paso del tiempo se han ido disminuyendo las tasas de natalidad y ha aumentado la necesidad de inmigrantes para ocupar puestos de trabajo y mantener volúmenes de negocio -esto es prioritario, no aumentar la natalidad-. Cuando los inmigrantes sean viejos (mayores de cuarenta y cinco) harán lo que han hecho desde hace treinta años: traer más. Es desagradable hablar de esto, porque los inmigrantes están adaptados y sufren, han establecido lazos emocionales y familiares con nosotros y participan de la cultura política emocional antes mencionada (al igual que los españoles no razonan o no piensan más que en su beneficio inmediato o en sus sentimientos); y además los inmigrantes no tienen la culpa de nada, sólo intentan tener una vida mejor, como todo el mundo. Pero racionalmente hay que observar que todo empieza en 1945 con el afán norteamericano de disminuir la población mundial y acaba en un "pacto migratorio" cuya finalidad es proporcionar mano de obra, con la excusa del envejecimiento. Y estos inmigrantes, aunque vengan de países subdesarrollados, cuando vienen aquí adoptan nuestras costumbres y tienen menos hijos. Eso de que "paren como conejas" no es cierto, adoptan nuestras costumbres. Y lo repito: cuando estos envejezcan harán lo mismo que vienen haciendo desde hace treinta años que es introducir más inmigración. La trayectoria viciada es una población tan envejecida o más que la de antes, en la que se incluyen inmigrantes que lleven veinte o treinta años aquí, y una nueva inmigración "de reemplazo" más joven. No es un Plan Kalergi (como piensan algunos tan idiotas como Kalergi) sino una adaptación demográfica extrema del capitalismo, cuya función no es equilibrar la cultura, la ley y la economía sino explotar los recursos económicos, en el caso español el sector servicios, el inmobiliario, la hostelería y el turismo, principalmente. Esto es algo que ocurre en todo Occidente, de una manera u otra, y el caso español no es el más grave.

La década de los 70 es clave, porque supone el fin de los Acuerdos de Bretton Woods en 1971, la adopción de nuevas políticas de transformación social pensadas expresamente para disminuir la natalidad, la publicación de “Los límites del crecimiento”, la crisis del petróleo de 1973 y la implantación del orden neoliberal en Occidente. Todo eso pasó hace más de cincuenta años.

Hubo entonces una época de apertura social, al menos aparente. Ahora la censura ha vuelto y estas cosas sobre las que escribo no pueden decirse o no obtienen la resonancia en las redes sociales que el discurso oficial sí tiene. Si surge alguna voz que se oponga a esto el "establishment" lo combate de manera automática, algo que ha provocado que se redoblen los esfuerzos de los opositores y que los extremismos se motiven -tienen motivos, les han dado motivos-. Trump venció usando esas tecnologías, y ahora que ha vencido sí está implementando algunas medidas regresivas, ha implementado medidas contra esto en su país, contra la inmigración y de regresión de costumbres a un modelo de más alta tasa de natalidad: aparte de las acciones criminales del ICE ha despedido a trescientos mil funcionarios y ha eliminado o disminuido los servicios de guardería públicos, entre otras medidas, por lo que obliga a un gran número de mujeres a volver a casa; también quiere favorecer a la industria, ocupada mayormente por hombres, por lo que esto también favorece un cambio de costumbres que devuelva al hombre su papel de proveedor. Eso pretende, ya veremos qué resulta, pero lo que nos ocurra a nosotros los europeos le da igual. A mi entender sí necesitamos aquí un líder de colmillo retorcido que haga lo necesario, aunque no lo que hace Trump, simplemente que haga lo que más nos conviene. Y los actuales acontecimientos están cambiando algunas políticas europeas, por fuerza. La Unión Europea está reaccionando de manera muy racional en este 2026 y eso me parece bien. Veremos cosas interesantes en los próximos años, no me atrevo a vaticinar nada todavía. Pero no será una vuelta al pasado (la segunda ley de la termodinámica hace esto imposible) sino un colapso del orden social posterior a la Segunda Guerra Mundial y uno nuevo adaptado a esta época y a las necesidades locales. Estado Unidos sigue siendo muy influyente a través del poder blando, pero sufren un declive cultural. El capitalismo moderno funciona con emociones y nada más y eso no es bueno.

Tenemos problemas económicos y sociales que todavía no están siendo resueltos. La población activa española autóctona está sobrecualificada (con un 41% de graduados en el mercado laboral) o cobrando del Estado. La vivienda es carísima, siguiendo el mercado el modelo norteamericano, y se anima a comprar y no alquilar: el sector liberal (capitalista), la clase política y los propietarios no quieren que el suelo pierda valor. La mayoría de propietarios con la casa pagada tienen más de 65 años. Unos 9 millones de personas alquilan y todo apunta a que esto se va a convertir en un problema social muy grave. Y el problema del alquiler no es sólo lo que cuentan en los medios de comunicación: el alquiler de un inmueble debe ir en relación a lo que cuesta ese inmueble para que no se pierdan el rendimiento sobre el coste, por lo que se trata de un problema financiero y macroeconómico. Es decir, se tienen en cuenta los PER (Price-to-Earnings ratio) del parque inmobiliario y no la necesidad de vivienda de la población, que es cada vez mayor: aquí ya somos cincuenta millones y el precio del alquiler es cada vez mayor. ¿Dónde pretenden que viva la gente? Y los Estados ya no quieren proveer de servicios y bienes gratuitos, a fondo perdido, sino que pretenden ser empresas y delegar funciones administrativas y financieras a los ciudadanos -principalmente a empresarios y propietarios, que tienen más responsabilidades administrativas y fiscales-, aunque sus deudas sean cada día mayores, como las del Estado. Esta paradoja o incongruencia evidencia la corrupción del sistema.

Uno de los grandes éxitos del franquismo fue su política de vivienda, porque construyeron millones de pisos. Algunos son feísimos, parecen cuevas, pero eran mejores que las chabolas en las que vivieron sus primeros propietarios. Se equivocaron en que limitaron los precios antes de acabar las viviendas, pero construyeron tantas que solucionaron el problema durante veinte años desde 1964 y consolidaron la clase media. El problema que tienen los españoles, ahora en 2026, con la vivienda se resume en que hay millones de personas que no pueden acceder a la vivienda ni aun bajando los precios, porque han subido demasiado los precios (por lo antes explicado) y porque las normativas han provocado una retirada de la oferta o que los rentistas prefieran el alquiler turístico o a estudiantes, más lucrativo. El capitalismo puede bajar los precios, pero no lo suficiente, y el Estado no construye vivienda pública, que es la manera de tener vivienda barata sin intervenir directamente el mercado. Durante el franquismo las oligarquías y la burguesía podían acceder a viviendas mucho mayores por mucho menos, pero ahora prefieren usar sus inmuebles como activos -antes también, pero era más importante la clase, cuando ahora es más importante la información-. Es otra opción de inversión de las muchas que tienen, no ven la vivienda como una necesidad social.

Uno de los cambios más notables de la burguesía es que dan menos importancia a cuestiones morales y poéticas y dan más importancia al conocimiento financiero. Son menos violentos con las clases bajas, pero son igual de clasistas que antes. No necesitan la violencia, porque pueden culpar a la clase media de su decadencia: son emocionales, estúpidos, ignorantes y votan mal. Saben que tienen más dinero y más información y usan esto para mantener el estado de cosas, envolviendo esto en verborrea filosófica -la filosofía está de moda, es un Festival de las Ideas-. Por mucho que lo escondan en la retórica filosófica los burgueses actuales son tan clasistas como antes y se sienten amenazados por los que son más pobres e ignorantes que ellos, como antes, pero esas clases bajas ya no pasan hambre y no quieren matar burgueses. Pero los burgueses sí que desprecian a los pobres, a los que acusan de no tener “educación financiera”.


En estados Unidos, cuyas clases altas tienen mucho más dinero, esto ha llevado a una Ilustración Oscura que está siendo más influyente de lo que se esperaba. La Ilustración propone que la paz y el comercio van de la mano y la riqueza favorece el bienestar de la sociedad, pero la Ilustración Oscura, por el contrario, propone la "monarquía corporativa" y el aceleracionismo capitalista. Los burgueses españoles no son tan agresivos, pero son aceleracionistas, tienen miedo del Estado de bienestar, es un concepto que les resulta amenazante, porque supone mucho gasto público y por ende impuestos, pero ya hemos visto que los estados endeudados no han mejorado este Estado de bienestar y sí han favorecido los intereses de los oligarcas. Es la paradoja de la que antes hablaba. Puede que algún día averigüemos a dónde va realmente el dinero público y por qué los estados son tan ineficientes y tienen tanta deuda. También puede que no nos enteremos nunca.

Hemos cambiado. El gran cambio anterior supuso la creación de la clase media: millones de personas que antes habrían vivido en la miseria ahora trabajaban con condiciones dignas y disfrutaban de tiempo de ocio y consumían imitando la vida burguesa, en una época en la que el arte y la intención de ilustrar a la sociedad (cada país a su manera) era evidente. Ahora se habla de la desaparición de la clase media. En realidad lo que ha pasado es que una parte de esa clase media ahora está en el percentil 75 cuando antes podían ser clase media con mucho menos dinero. Antes se disfrutaban experiencias nuevas y ahora se tienen experiencias excitantes con la intención de aprovechar nuestro tiempo finito mientras se pagan hipotecas de veinte o de treinta años.



El desarrollismo.

El Desarrollismo fue malísimo, a toro pasado, pero los liberales actuales van a tener que afrontar otra etapa de reconstrucción y de adaptación a la nueva época y a los cambios tecnológicos, a ver cómo lo hacen, con el toro de frente. El desarrollismo fue algo que ocurrió en todo el mundo, no sólo en España, desde 1932 en EEUU hasta los años 80. Hicieron cosas bien e hicieron cosas mal. ¿Hay voluntad ahora de corregir los errores? No hay voluntad de hacer nada que no sea mantener a la vivienda dentro del sistema financiero, pero lo van a tener que hacer. En los últimos años se ha hablado mucho de ciudades inteligentes, de ciudades de los quince minutos y de otras innovaciones, pero no se ha hecho nada para solucionar el problema de la vivienda, que empieza a ser problemático desde 2017, ha alcanzado su punto máximo este año y sigue en aumento. Hay ideas nuevas, se conocen los errores del pasado, pero no se soluciona el problema.

La sensación generalizada es que hay una cierta regresión o involución democrática, en parte porque el liberalismo (los socialistas también son liberales) hace lo que le da la gana y en parte porque hay una contestación muy fuerte desde los sectores de extrema derecha y extrema izquierda centrados en el problema de la vivienda y en la inmigración.  La democracia necesita un nuevo desarrollismo, optimizado y adaptado a esta época, para que el ciudadano sienta que todo funciona. Ahora mismo, todos los que no tenemos patrimonio estamos desesperanzados y deseando encontrar la manera de escapara al sistema, que no ofrece nada, pero que sigue impartiendo impuestos y sanciones. Los Estados prefieren aumentar las pensiones antes que solucionar los problemas de natalidad y de vivienda, porque eso supondría cambiar el sistema neoliberal que impera desde hace más de cincuenta años. Y con esto la izquierda se está comiendo los temas sobre género e inmigración, que provienen del desarrollo capitalista profundo: el neoliberalismo es una sociedad capitalista y de consumo de baja natalidad. Se concibió así, se permitieron y alentaron los movimientos feministas y gay con ese fin, de tal forma que sólo los muy pobres o los muy ricos tengan familias numerosas, porque el bienestar social se asocia a la baja natalidad y la riqueza social al consumo. Se querían unas tasas de natalidad más bajas, pero no se ha querido limitar el volumen de negocio asociado al consumo, por lo que después, con sociedades más envejecidas cada vez, eran necesarios los inmigrantes jóvenes.


El descenso de la natalidad fue planificado. El cambio de costumbres a otras más liberales y menos machistas no es algo malo, que la mujer acceda al mercado laboral no es malo, pero la organización social y económica podría haber sido otra, de otra manera. El mundo financiero creció enormemente y se cruzó con ese cambio programado. El aumento de la inmigración para sostener los volúmenes de mercado no fue algo previsto por el planteamiento transhumanista y ambos, capitalismo y transhumanismo anglosajones, se cruzaron.

Ser consciente de toda la realidad es imposible y por tanto no se puede diseñar el futuro. Se puede hacer, pero el resultado no puedes asegurarlo. Se pueden dar momentos concretos en los que parece que esto haya funcionado -vamos a suponer que esto ocurre a finales de los años 60 del siglo XX-, pero eso no dura y acaban manifestándose las consecuencias inesperadas y estas pueden cambiarlo todo. Al final se descubre siempre que lo más importante es aquello que la técnica no puede replicar, aquello que el dinero no puede comprar. El desarrollismo permitió que la clase media pudiera disfrutar de algunas cosas que eran propias de la burguesía, como el disfrute del arte, de la música y de actividades lúdicas. Se crearon la infraestructura y las condiciones para eso y todavía las disfrutamos, pero en esos momentos era todo nuevo y más barato. Ese momento de felicidad social transitoria sigue ilustrando la idea de ese pasado maravilloso que los políticos prometen recuperar: la época del destape, La Movida, etcétera. Pero ni todo era tan bonito ni ahora va a ser tan fácil conseguirlo, porque esa intención de ofrecer al pueblo servicios públicos abundantes y arte funcional pasó hace mucho. Vendrá algo nuevo bueno, pero no aquello ni de aquella manera. La época de Gropius y de Le Corbusier pasaron, afortunadamente.



El capitalismo no es libre comercio.

El capitalismo es una ideología que prima el dinero y las finanzas por encima de todo y su utopía es el libre comercio. No se trata de un sistema de libre comercio, aunque esa sea su quimera, sino de darle finalmente todo el poder a los entramados productivos y financieros, convirtiendo a los oligarcas en dueños de todo, a nivel mundial. Este tema de la oligarquía se viene tratando desde hace más de dos mil años, pero esta nueva oligarquía nace de la ideología capitalista transhumanista y deviene en el nuevo totalitarismo, en el totalitarismo del siglo XXI. No voy a extenderme en este tema, porque se habla demasiado sin aclarar nada y porque estamos viendo que así sucede, ¿no es cierto?

El ideal ilustrado (Montesquieu, Kant o Adam Smith) dice que primero hay orden y después comercio y que la paz y el comercio van de la mano. Esto es así y el comercio es bueno. La palabra comercio es bella y la palabra capitalismo es horrible. El capitalismo atenta contra el libre comercio. Creo que es necesario aclarar esto para que se dejen de defender de manera fanática al capitalismo y los oligarcas que lo manejan. Que además, estos nuevos oligarcas están locos, son "ilustrados oscuros" y no ocultan su desprecio por la humanidad ni sus ideas eugenistas. Eso no es libre comercio. Los "siete magníficos" no son libre comercio sino amaños de oligarcas, round tripping y embudos algorítmicos de las aplicaciones robóticas que detectan tendencias alcistas y dirigen la inversión bursátil siempre a los mismos. Eso no es libre comercio.

Las burbujas inmobiliarias y los trabajadores viviendo en caravanas (o en su coche) no es libre comercio.




La democracia.

La democracia es ahora mismo tan fiable como el mercado bursátil (la vivienda es un activo) y no ofrece que se tomen decisiones de conveniencia social clara. Se sabe que se tendrán que tomar decisiones, por fuerza, pero no cuáles ni cómo. De momento nuestros cargos electos se resisten a tomarlas.

La incertidumbre es un demonio (dibujaré un Demonio de la Incertidumbre). La incertidumbre es mala para la mayoría, pero es buena para algunos, a río revuelto. Se supone que votamos para resolver los problemas y la incertidumbre. Pero lo que es cierto , lo que se sabe, es que vamos a seguir igual. El futuro es más incertidumbre.

Tomemos el caso del Reino Unido. Keir Starmer ha aprobado un paquete de medidas de recorte, pero no de cambio estructural, permaneciendo en las estructuras actuales (similares a las de España) y no paliando el problema demográfico ni habitacional. Aunque es la propia estructura la que le ataca, desde su propio partido, ese ataque y su inminente sustitución no van a arreglar nada, porque todo va a seguir igual. Todo esto empezó, para todo Occidente, en los 90, cuando Bill Clinton dijo que el sector ecológico y las oenegés eran un nuevo gran nicho de empleo, cuando "desarrollo sostenible" sustituyó al "crecimiento cero", todo dentro del capitalismo -que no del libre mercado, como EEUU demuestra constantemente-. Y antes de eso, cuando EEUU impone el orden mundial después de la Segunda Guerra Mundial, porque la disminución de la natalidad era prioritaria para ellos, sobre todo en el Tercer Mundo (Kissinger y otros querían esterilizar a los indios y a los africanos). Lo que pasa es que en aquella época estaba todo hecho ruinas; sin guerra ya había mucha pobreza (una pobreza decimonónica) y cualquier cosa que se hiciera era para mejorar. El mundo del pasado, menos democrático, no era mejor, era ascendente, sin embargo el presente es descendente: ahora vamos a tener que mejorarlo todo otra vez, aunque sufriremos algún tipo de estupor catártico antes. Va a pasar. Quienes defienden a Starmer dicen que lo que está intentando "es el futuro". Es el futuro porque es más de los mismo, más polarización y más incertidumbre. Pero sí, Reino Unido va por delante en cuanto a desintegración social. Hasta el progresista John Cleese (de los Monty Python) se ha puesto a protestar contra la destrucción de la cultura británica en favor del islamismo y contra el reemplazo migratorio. Pero el futuro después de Keir Starmer no será mejor, ya lo adelanto yo. En todo caso el Reino Unido es ahora el futuro para nosotros, como si lo miráramos en una bola de cristal.

Si eres de clase media o baja burguesía (el grueso de la población) y tienes tus problemas resueltos (una fuente de ingresos y casa propia) tu vida no va a cambiar votando a uno u otro candidato o candidata. Estos votan a su partido favorito y asimilan su discurso sin pensar, porque creen que viven bien gracias a su partido favorito, cuando deberían rezar y dar gracias a Dios por lo que tienen. Si eres muy pobre ningún partido va a solucionar tus problemas, da igual quién gane las elecciones. Si eres muy rico no votas: financias la campaña. La gran crisis de la democracia consiste en que hace mucho tiempo que no hay grandes estadistas sino títeres de las oligarquías y en que ya habíamos visto todos las costuras del sistema. Las redes sociales no sólo se han usado para desestabilizar sino también para dar la ilusión de control a los usuarios, que en parte creen unos que su voz importa y pueden influir y creen otros que son tan listos y capaces como para poner en marcha su propia "psyop" e influir, cuando unos y otros son clasificados en conjuntos de datos como perceptores de una serie de mensajes ideológicos emocionales muy repetitivos redactados expresamente para ellos. Ese engaño, esa magia informática, ha reavivado aparentemente la democracia, a costa de la mínima reflexión y de la concordia social, pero aumenta el descreimiento. Llegará el momento en el que el ruido cese o simplemente debamos apartar nuestra vista de la pantalla y nos encontraremos a solas con un absoluto descreimiento en la democracia. ¿Qué pasará entonces? Pues no se sabe: más incertidumbre, y aquí nos encontramos otra paradoja: la incertidumbre es lo que sostiene la democracia, sin ella no habría motivos para ir a votar. El mundo de antes era ascendente y el de ahora es decadente, antes se votaba para mejorar y ahora se vota para no ir a peor, para no ir a una mala situación indefinida que sólo puede describirse con clichés del pasado.

¿Cuánto tiempo podemos seguir así? No tengo ni idea. Pero la manera de gobernar tiene que cambiar. Que constantemente nos ofrezcan incertidumbre y que esa sensación de incertidumbre sea exacerbada constantemente por medio de la propaganda de una campaña electoral continua y de la propaganda de los grupos publicitarios asociados al mundo editorial y las finanzas es inaceptable y en algunos casos es criminal.
Conclusión.

Estamos en un momento de techo de la liquidez. Los mercados financieros han crecido tanto y han detraído tanto del dinero social circulante que ya no hay dinero suficiente para mantenerlos. Y éramos pocos y parió la abuela: ingenieros británicos y norteamericanos crearon Bitcoin. Satoshi es Banksy y Banksy es Satoshi: capitalismo y baja cultura creada por redactores publicitarios y diseñadores gráficos, alfalfa para los burros. El capitalismo es el totalitarismo del siglo XXI y al igual que el comunismo o el fascismo tiene un ideal de ser humano superior, atlético, con alto cociente intelectual y longevo: el nerd con genética mejorada. la mejora genética no es un ideal novedoso pero sí la edición genética y ahora se especula con la posibilidad de que la clase dirigente llegue a vivir ciento y cincuenta años -algunos están llegando a los cien, mal bicho nunca muere, podría decirse-. El mensaje nihilista en boga ahora viene de ellos, de los ilustrados oscuros. La sociedad del siglo XXI es emocional y las interpretaciones apocalípticas vienen de la crispación generada por el ruido y la desinformación y de la incertidumbre, propagadas por los medios de comunicación, tal y como Adolfo el del bigotillo hiciera tiempo ha con la radio (Orson Welles provocó el mayor y más repentino episodio de histeria colectiva del siglo XX gracias a la radio). Las redes sociales tienen más poder que la radio, sobre todo por su capacidad audiovisual, la combinación de sonido e imagen, porque el poder de la radio, como esto, no es el texto sino la voz y la imagen, para una asimilación rápida y analfabeta del mensaje y de la transmisión de emociones. La radio tenía un alcance limitado y esto es mundial, sin necesidad de estudios de radio ni antenas. Parece diferente porque no es tan explícito, pero tiene capacidad de transformar las percepciones y las ideas, es peligroso.

No se sabe qué va a pasar, pero llevamos ya cincuenta y cinco años viviendo en un estado de techo de riqueza mundial y de continua evolución. Internet fue una tecnología disruptiva que mejoró el mundo, pero la inteligencia artificial es algo que va a cambiar radicalmente el trabajo y va a ser bueno para los beneficios pero malo para las personas, que al fin y al cabo son los consumidores. Sabemos que va a pasar algo malo, pero no sabemos qué ni cómo nos vamos a adaptar. En los países ricos nunca hemos vivido mejor que ahora, estamos en un techo de bienestar: no podemos vivir mejor, de momento. Hay un problema con la vivienda, que es el principal síntoma de que estamos en un techo, el síntoma más doloroso, aparte de que lo sería un desabastecimiento de alimentos, que también cada día están más caros (todavía no hemos llegado a eso). ¿Habrá un Ragnarök (Raégnarúk) capitalista? Eso dicen, y se genera mucha incertidumbre asustándonos con esa posibilidad. La incertidumbre hace necesaria la democracia mientras ese cataclismo financiero nunca llegue, pero cuando ocurre muchas personas hacen lo que sea para salir adelante y cambian sus convicciones. Y tanta incertidumbre también produce hartazgo.

Estamos en la cúspide del pico de la gráfica a nivel mundial, pero no todos los países van al mismo ritmo. La población está envejecida porque se pensó que el mundo había de ser dirigido por menos personas, pero nadie tuvo en cuenta la codicia y que se mantendría el aumento de volumen de negocio en todos los mercados ni que los países menos desarrollados se desarrollarían. China e India ahora son grandes potencias y son el 21% del PIB mundial y el 36% de la población. Europa tiene un problema con los recursos naturales, pero somos una potencia en innovación tecnológica (las mejores máquinas para hacer chips son europeas). Estados Unidos tienen gran implantación cultural, pero el trap o neorap reguetonero no sé cuánto más tiempo va a reinar. La cultura es importante, porque quien controla la estética y los símbolos controla las mentes. En la Unión Europea sólo los franceses han mantenido una cultura fuerte y propia y tienen plataformas de red social propias en francés y censuradas por ellos, aunque BeReal y Dailymotion no tienen tanta audiencia como Facebook o YouTube (pero tienen millones de seguidores). También los franceses son en la Unión Europea los que se adelantaron en desarrollar una inteligencia artificial con Mistral; están muy por detrás de GrokAI o Anthropic, pero tienen tecnología propia. Estamos en una cima y hay que bajar hacia un valle desconocido en el que necesitaremos determinadas cosas. Los mensajes recibidos a través de las redes sociales aumentan la sensación de incertidumbre y es necesario controlar esto.

Al depender durante tantos años de EEUU y sumarnos a su decadencia cultural hemos entrado en su lógica de descomposición anterior a un renacimiento (solve et coagula), pero yo soy optimista: estamos a tiempo de reaccionar, esas cosas no suceden de la noche a la mañana. Quizá sí debemos disolver el orden actual y crear otro nuevo, pero con nuestra receta, menos materialista y no dado a intereses que no son los nuestros.



Ernesto García-Testón Gómez a 17 de mayo de 2026.








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