viernes, 23 de octubre de 2026

¿A qué línea evolutiva perteneces?

 

Brigitte Helm durante el rodaje de Metrópolis en 1926.



 Vivimos en la dictadura del futuro. No me refiero a que vivimos en una dictadura distópica como las de la literatura o el cine de ciencia-ficción. Quiero decir que el tipo de dictadura o dictablanda en la que vivimos, desde 1975, es la dictadura del diseño de futuros. Este concepto del diseño de futuros se ha dado ya a conocer, por lo que está superado y consolidado y ya no podemos hacer nada. En el mundo político sería una dictadura del diseño del futuro a largo plazo, una dictadura de las agendas y de los planes imperiales. El capitalismo también diseña el futuro de la sociedad de consumo y el dominio del monopolio. Los plazos se aceleran y hoy en día nos vemos en el futuro inmediato, sin poder alcanzarlo nunca, es angustioso. Tu dinero no compra cosas, compra tiempo. Los parámetros que afectaban a nuestra vida como el conocimiento o el nivel económico siguen vigentes, como la fuerza de la gravedad. El tiempo sigue siendo aquello que pasábamos hacia la vejez y la muerte, pero para unos es más apremiante que para otros. Y ahora el tiempo, en la Era de la Información, es algo que arroja sobre nosotros acontecimientos supuestamente predecibles. Si no eres capaz de predecirlos, peor para ti. Dependiendo de nuestro nivel económico, nivel cultural y conocimientos de ese futuro podremos adaptarnos mejor o peor a ese futuro que nos alcanza. Si es peor, si estamos condenados a la pobreza y la irrelevancia, resulta inevitable pensar en sabotear el diseño de futuro que nos imponen, ¿pero no sabotearíamos así nuestra propia línea temporal? Porque no voy a hablar del futuro de la humanidad sino del futuro subjetivo de cada individuo y de la percepción que cada uno de nosotros tiene del mismo. Nuestras decisiones personales son importantes y no debemos dejarlas tan sólo a las órdenes de nuestra percepción y nuestras emociones.


 Digo que el diseño de futuros es una dictadura porque, aunque se celebren elecciones, no podemos cambiar nada. Tampoco sirve de nada protestar, porque todo estaba ya previsto. Y nuestra reacción puede ser usada en favor de algún poder no democrático, como estamos viendo estos días en los que algunos países de la UE están sufriendo disturbios. El pánico es fluido, pero los ciclos suelen cumplirse, no perdáis la calma. Reaccionar puede sacarte de la línea de futuro correcta.


 En el anterior artículo traté la consolidación del capitalismo como la dictadura del siglo XXI, cumpliéndose las predicciones de Marx -hay que reconocerlo, fue un visionario en muchas cosas-, aunque estas se han superado, porque es la dictadura de la burguesía, pero una burguesía poseedora de información y tecnologías muy poderosas. Parte de la burguesía queda relegada al pasado inmediato y la parte más poderosa vive en el presente y posee la tecnología de predicción (que requiere nuestros datos e imágenes robadas de nosotros). Usé como recurso de autoridad a Hannah Arendt, porque es una filósofa muy conocida y citada, porque haciendo eso, pensé, los liberales que leyeran ese artículo entenderían de qué estoy hablando. Hice trampa, lo confieso. Pero sí es cierto que el capitalismo puede ser el gran totalitarismo antifascista futuro del que hablaba Hannah Arendt y que padecemos un siglo después del advenimiento de los dos grandes totalitarismos, ya consolidado este, el capitalismo, de manera inevitable (es otro -ismo). Podría ser el capitalismo, poseído por el espíritu de la Ilustración Oscura (una anti-Ilustración), el totalitarismo antifascista del que hablaba la filósofa alemana, reitero. Podría ser, pero ya os dije que hice trampa. Pero el tiempo y la predicción del futuro se ha convertido en algo muy importante en este mundo del capital. No basta con ser burgués para estar en la pomada. Los burgueses y sus empleados, todos los agentes activos en el capitalismo, tienen el impulso irrefrenable de tomar decisiones continuamente, para no quedar obsoletos. Y para poder tomar decisiones que no les condenen al olvido inmediato necesitan predecir el futuro. Es una situación que nos obliga a todos a no salir de la zona de certidumbre, si la tenemos.


 La predicción del futuro para la toma de decisiones ha sido un arte al que los líderes de mayor o menor rango han recurrido desde la prehistoria. Los chamanes, augures, sibilas y brujos leían el vuelo de los pájaros, las entrañas de esos mismos pájaros, el movimiento de las ígneas llamas, el humo, brumas sobre superficies reflectantes, agua, piedra pulida o metal, o en el interior de bolas de cristal. A veces acertaban y otras no. Entraban en trance con rezos, música y sustancias psicoactivas y ponían en marcha su saber metafísico en una meditación sobre el futuro. Pero el secreto profundo de su arte no estaba, como creen los idiotas modernos, en las drogas psicodélicas. Para enfrentarse a estos ritos el mago debía purificarse, purgarse, rechazar el pecado, de acuerdo a una Década-Dodécada (Textos Herméticos), Las Cinco Constantes (Mencio), los Cinco Yamas del Sadharana Dharma, etcétera, los equivalentes a nuestros 10 Mandamientos y 7 Pecados Capitales. La norma moral, dictada por la divinidad, había de tenerse en cuenta. En el I Ching, por ejemplo, jamás se propone nada que no sea conducirse cabalmente. Sin embargo, hoy en día la ética queda por detrás de los cálculos matemáticos, la técnica y las restricciones legales una vez que se haya establecido una estrategia basada en la predicción, el comportamiento cabal es estético. Pero también había que considerar algo que estaba por encima de todo: el devenir. Hoy en día no se tienen en cuenta las consideraciones espirituales que estén más allá de la psicología (aunque la psicología bebe de la magia) y bajo ningún concepto se tiene en cuenta el devenir como hecho divino. Y en esto hay un grave error. Intentaré explicarlo de manera sencilla.


 Adivinar es leer el devenir y anticiparlo. Hoy en día se utilizan los conos de futuro, árboles de futuro o cálculos de teoría de juegos. Pero las consideraciones antiguas sobre la lectura del devenir no eran menos racionales. Para decidir hay que leer el devenir y saber qué lugar ocupas en el universo. Así sabes qué hacer, sólo necesitas quererlo hacer y poderlo hacer. Y aun así puede ser un acto de soberbia que altere ese devenir y fastidie a todos los demás, de ahí que siempre se tuviera en cuenta la norma moral, el deber supremo, para no alterar el devenir de manera traumática y dañar la obra divina, para no incurrir en la hibris. Y por eso siempre existió la opción de no hacer nada, aunque es difícil estarse quieto si te dominan el miedo y la soberbia. Así en el mundo actual no puedes dejar de tomar decisiones continuamente, por que si permaneces inactivo puedes quedar obsoleto en cuestión de días, o podrían pensar que eres incompetente. Bien es cierto que se analiza la posición de la empresa en el mercado, el impacto social y ecológico (para que no te denuncien) y otras cosas, pero al final todo se reduce planear y poder implementar esos planes. Si conoces el futuro y no puedes adaptarte a él, porque no tienes los medios, estás fuera. Pero ahora bien, los antiguos creían que el augur les transmitía un mensaje de los dioses, y los modernos creen poder dominar las líneas de tiempo. Al final, más que predecir lo que han decidido es asegurarse, diseñar el futuro. ¿Puede haber mayor soberbia que esa?


 Puedes hacer una predicción buenísima y saber que, en un contexto concreto, debes hacer algo concreto y que eso es lo que te conviene y que todos lo celebrarán, que serás bienvenido a un nivel superior. Pero imagina que no puedes: no tienes dinero, no tienes los medios, no sabes hacerlo. Cuando subes de nivel y haces cosas nuevas, aprendes cosas nuevas. Es maravilloso. Pero no puedes, estás pelado, se cancela la fiesta. Entonces no tienes más remedio que volver a elaborar una estrategia. La predicción sirve entonces para sobrevivir, quizá caes a otra línea evolutiva: todo lo que hagas y aprendas a partir de ahora te alejan de las líneas superiores, no estás en eso.


 Y así llegamos al tema de la desigualdad. Lo de la desigualdad es muy obvio: ¿qué más desigual que dos líneas evolutivas diferentes? Imaginad, un ornitorrinco y un lagarto escorpión mexicano, no se parecen en nada, salvo en que ponen huevos. Dentro de mil años uno existirá y el otro no, posiblemente. Pero claro, yo no me refiero a la desigualdad de la evolución genética de las especies animales, me refiero a la evolución social de los grupos humanos, a que en un mismo país, una misma cultura, una misma civilización, coexisten grupos humanos en líneas evolutivo-temporales diversas. Sería parecido a que convivan bosquimanos con palentinos en un mismo tiempo y espacio (eso es posible hoy en día gracias a la aeronáutica comercial), y no convivirían realmente, dadas sus diferencias: su relación sería efímera sin un profundo proceso de adaptación por parte de uno u otro grupo. Me refiero a que convivimos ricos y pobres; expertos en finanzas, inversores y clase media ajena al mundo financiero; expertos en tecnología (programadores), obreros, trabajadores del sector servicios y lumpen sin preparación; cyborgs, grinders, biohackers, fanáticos del wellness, softbiohackers naturalistas, culturistas y gente normal, dedicados a sus labores, que pasan muchas horas sentados y que no pudieron jugar en primera porque se lesionaron una rodilla. Los grupos más especializados usan lenguajes especiales para comunicarse entre ellos, tienen un nivel de competencia muy alto en sus respectivas especialidades, una adaptación financiera óptima y tienen también un mayor conocimiento de lo que depara el futuro, quizá lo diseñen ellos -serían economistas, ingenieros y programadores principalmente-. Pues bien, en el contexto actual, en el que las ventanas de oportunidad se abren y se cierran con gran velocidad y la transformación social es cada vez más rápida, habrá grupos que se conviertan en bosquimanos, a cien mil de años de los grupos superiores. El sistema educativo no está adaptado a una realidad de distintos niveles de civilización en una sola.


 Quiero decir con esto que convivimos varias líneas evolutivas al mismo tiempo -de evolución mental y también física, por las mejoras corporales-. Tenemos cuerpos parecidos y el mismo idioma nativo, tenemos las mismas reglas básicas de vestimenta, simpatizamos con la misma religión o somos fieles de ella, comemos cosas parecidas, pero cada vez más las líneas social-evolutivas se van separando. Si hace años no supiste cómo iba a ser el presente y no hiciste determinadas cosas o hiciste determinadas otras estás en una línea evolutiva de la que ya no puedes salir. Por supuesto, si dejas de trabajar, si contravienes las normas más básicas, puedes caer a una línea inferior. Esa posibilidad alimenta las pesadillas de los posthumanos. A los especímenes de líneas inferiores a la élite, la idea de la caída les hace entrar en pánico, por eso necesitan constantemente información y buenas predicciones, por eso no se están quietos jamás y no pueden pasar ni un solo día sin tomar decisiones, lo que aumenta la aceleración de acontecimientos económicos y sociales. Realmente sigue siendo muy difícil impedir que alguien haga alguna estupidez, pues imaginad toda una masa social controlada por mensajes emocionales. Y más difícil aún es impedir que personas con mucho poder se aprovechen de los primos menos evolucionados, y por eso, entre otras cosas, hay burbujas financieras. El dinero de los idiotas es tan bueno como el de cualquiera, y sus hermanas también están buenas. Los inferiores sirven a los superiores. Es un orden dictatorial con apariencia democrática y naturaleza cibórgica.

 

*


 ¿Os imagináis que dentro de mil años todo se ha ido a la mierda y sólo han sobrevivido los ornitorrincos? Sería divertido.


 Nunca se ha podido ascender de una casta a otra superior, de un estamento a otro superior. Lo que se viene produciendo desde el siglo XX hasta ahora no es el resurgir de las castas o los estamentos sino la aparición de líneas social-evolutivas de las cuales ya no puedes huir hacia otra superior. Esas son las nuevas castas, los nuevos estamentos. La eliminación de los estamentos hizo posible que las clases más bajas pudieran aspirar a ser burgueses, pero esto ya no funciona así. Y la élite tampoco conoce el futuro (nadie lo conoce), simplemente tiene información privilegiada y tiene dinero y medios para poder alterar el devenir y reaccionar si lo necesita.


 Como consumidores siempre perseguimos al tiempo. Perseguir el tiempo es un esfuerzo inútil. Piensen en algo: si se pone de moda el color naranja, si lo veis en la ropa que hay en todas las tiendas, el color naranja automáticamente pasa a ser de horteras. ¿Por qué esto es así? Porque las élites llevan ya un año o dos aburriéndose de ese color. Como es lógico no van a compartir con cualquiera lo que hacen.


 Antes no hice mención al cociente intelectual, pero va a ser determinante para que algunos especímenes de líneas inferiores sean escogidos para ascender, porque serán los únicos con un cerebro capaz de manejar la matemática de la tecnología y el dinero y proporcionar a la élite los mejores cuidados y modificaciones. Por debajo de líneas más altas habrá seres humanos con habilidades especiales como el pensamiento o la curación naturalista, el cultivo de la belleza, el placer, el arte, la artesanía y la habilidad con las máquinas. Por debajo estará todo el sector servicios que atienda a las líneas evolutivas superiores. Y por debajo estarán el lumpen proletario que haga los trabajos peores, con toda la gama de inferiores productos y servicios que necesiten, que ellos mismos se producirán y servirán.


 Y estas cuatro líneas de evolución social que he descrito serán nuevas castas. Quiero darle un nombre a cada una sin que estos se parezcan a los védicos. Acepto sugerencias. Os doy yo una sugerencia: si os gusta el cine de ciencia-ficción todo esto me recuerda a Metrópolis y a GATTACA, dos excelentes películas de ese género. Todo este asunto que tratamos podemos imaginarlo como una combinación de ambas películas. Pero dudo que haya un encuentro catártico entre Grot y Fredersen, lo más probable es que el devenir y la historia sigan su curso y el ser humano llegue a otro techo de la civilización, con unos órdenes sociales muy turbios y complejos, como siempre han sido.


 Piensen con detenimiento a qué línea evolutiva pertenecen ustedes y sus hijos realmente, qué posibilidades tienen y qué esfuerzos son los que deben hacer para estar mejor y dar sentido a su existencia. Tampoco olviden que la fuerza de la gravedad está ahí y que todo cae si pierde el suelo donde apoyarse. Es aquí cuando resulta necesario pensar en si merece la pena intentar saltar a otra línea temporal, si merece la pena entrar en el juego, dado que vamos a morir y debemos invertir parte de nuestro tiempo al goce. Todos tenemos que morir. ¿Acaso no podemos aceptar que otros mueran más viejos y con más riqueza y comodidad? Es posible que otros merezcan morir con más riqueza y comodidad que yo, personas que son mejores que yo. ¿Un político merece morir con más riqueza y comodidad que yo? Las cucarachas, los políticos sobrevivirán al invierno nuclear y sólo quedaran ellos sobre la tierra. Quizá también los ornitorrincos.


 No debemos angustiarnos tanto por el paso del tiempo ni debemos sentirnos obligados a actuar constantemente para no perdernos algún negocio imprudente. Hay que pensar que cada acto tiene consecuencias insospechadas. Hay que contemplar también la opción de no hacer nada. Si el color naranja llena las estanterías de las tiendas, quizá lo mejor sea recurrir al pensamiento lateral y vestir con otros colores. Si bien puede ser peligroso sabotear líneas de futuro, sí puede ser interesante abrir líneas nuevas o rectificar líneas torcidas. Y si tu línea está torcida no debes seguir al rebaño ni hacer lo que venías haciendo: piensa en otra cosa.


 Termino aquí mi breve ensayo, mi ejercicio de adivinación. Quien lea esto pensará que estoy creando otra distopía de ciencia-ficción, planteando un escenario ominoso, pero no es así, estoy tratando el futurismo, de una frontera temporal no muy lejana, basándome en lo que observo desde hace años, desde una perspectiva espiritual y metafísica. Porque el futurismo trata no de predecir y de diseñar el futuro sino de alterar la existencia del futuro, y se hace necesario analizarlo así como digo. Claro, que me puedo equivocar, como cualquiera, al dar esta visión, pero así como lo describo es como veo el mundo, les ruego que me disculpen.



Ernesto García-Testón Gómez a 23 de octubre de 2026.




Ernesto García-Testón Gómez 2026.

Este artículo está publicado con licencia Creative Commons.

Se autoriza a que se comparta o inserte mencionando la fuente.

No se autoriza la alteración del documento ni su uso lucrativo.



sábado, 8 de agosto de 2026

El nuevo totalitarismo que predijo Hannah Arendt.

 

Hannah Arendt en los años 30.


 

 La palabra "capitalismo" es peligrosa y es confusa. Marx hablaba de “capital” y la palabra capitalismo fue usada después por socialistas franceses, a mediados del siglo XIX, y desde entonces se popularizó la palabra, que erróneamente se confunde con el comercio. El capitalismo es la oligarquía que mantiene su capital, su riqueza, mediante su poder e influencia. Y mediante ese poder y esa influencia las grandes fortunas se hacen cada vez mayores. Es lo que siempre se ha conocido como oligarquía, siendo la “oligarchía” o “gobierno de unos pocos” lo contrario de “aritokratia” o “gobierno de los mejores”, que también son unos pocos. Se entiende entonces que la oligarquía son unos pocos muy ricos y poderosos, aunque de intelecto mediocre, que hacen lo que sea por alcanzar el poder y permanecer en él para seguir siendo ricos y poderosos o serlo aún más, cuando la aristocracia se distingue por la sabiduría y la rectitud, aun para ceder el poder.


 Siempre ha habido oligarquía, Rousseau o Marx tenían razón, pero esto es algo que siempre ha impactado negativamente el libre comercio. Para los comunistas el comercio, todo el comercio, es capitalismo, o tienen un concepto de lo que es comercio bastante peculiar. El comerciante siempre va a intentar sacar lo máximo posible en una transacción, y hace bien; el gobernante debe permitir el comercio y debe permitir que las personas comercien, pero dentro de un orden, evitando abusos. Esto es de sentido común y cualquiera que no sea un usurero o un comunista lo entiende, lo daremos por sentado. Ahora bien, voy a tener en cuenta que la oligarquía capitalista se ha apoderado de la palabra “libertad” para justificar que la oligarquía haga lo que le venga en gana. Y voy a demostrar que el capitalismo se ha convertido en una ideología totalitaria, aunque pretenda ser justo lo contrario. La primera prueba de esto es que se han apropiado de la palabra “libertad”, como los comunistas; concedamos a los fascistas que nunca hicieron tal cosa, aunque fueran totalitarios.


 Uno de los filósofos de referencia para el liberalismo (que se ha degradado mucho desde la Ilustración y desde el Partido Liberal inglés) es Hayek. Hayek cayó en una falacia lógica: "si el fascismo y el comunismo son anticapitalistas, entonces la libertad es democracia y capitalismo". Es una falacia lógica evidente, un mal argumento, y él también confunde el capitalismo con el comercio. Y no es verdad, porque puede haber capitalismo, democracia populista y control totalitario, no es incompatible, tal y como estamos viendo en estos días. Debido a este error, el capitalismo se ha convertido en una ideología -como el comunismo o el fascismo y alejándose del liberalismo con el que pretende equipararse- y la democracia se ha utilizado para crear un sistema donde los trabajadores mal pagados se autoproclaman capitalistas. Esto es absurdo. Estos pobres ciudadanos creen que permitiendo hacer a su antojo a la oligarquía ellos también podrán ser ricos; y llegando a tener cierta comodidad y alguna propiedad lo creen realmente -generalmente su casa, aunque algunos se creen ricos cuando ya llegan a poseer un modesto e impronunciable Nissan Qashqai, lo he visto-.


 Friedrich Hayek era economista y no filósofo. Le pasa algo parecido a Nassim Nicholas Taleb, que confunde a los estoicos con los cínicos. Qué gente tan pesada. Aún así me parece más sensata la influencia de Taleb, que por lo menos disuade a muchos de querer ponerse a invertir como si estuvieran locos, con el frenesí de un ludópata. Pero, aunque tengan mentes notables hay que cuestionar lo que digan estos eminentes economistas cuando se ponen a filosofar.


 Con respecto al Estado, dirigido por los líderes elegidos por el pueblo, hay que decir que esperamos de él que nos conceda un amplio grado de libertad, aunque el Estado debe intervenir, no de forma excesiva, y debe hacerlo con justicia, y así este ejercicio de gobierno debe ser llevado a cabo por alguien con experiencia y perspicacia, no por filósofos ni por sirvientes de los capitalistas, de la oligarquía (idealmente). Ningún gobernante es perfecto, pero los hay mejores que otros, pero las personas educadas sin adoctrinamiento pero sí con honradez, y afán de darles más conocimiento y que este sea verdadero, entienden que necesitan a alguien al mando que sea mejor que ellos y que les desee bienestar y prosperidad y cierta libertad de acción. Es de sentido común y no merece la pena seguir con esto. Sigamos.


 Como decía, el capitalismo es oligarquía, tiende al monopolio y eso es malo para el libre comercio. El capitalismo es malo para el libre comercio, es oligárquico y finalmente se ha convertido en una ideología totalitaria (monopolista) y mantenida por un electorado desinformado y fanático. Esto lo estamos viendo en el trumpismo norteamericano o el mileísmo argentino. Los individuos que componen la masa enfervorecida por el loco de la motosierra, al grito de “¡surdos de mierda!”, creen que ellos también son capitalistas o pueden serlo. El heroísmo era el objetivo más elevado para comunistas o fascistas y para estos lo es el dinero, tener dinero, ser ricos, ser capitalistas, poseer capital. Piensan en dinero y entran en trance. Ni que decir tiene que son y serán timados, como todo aquel que pierde el seso cuando ve un fajo de estampitas con un billete encima. Lo vemos también en España entre el electorado que pretende ser de derechas cuando muchos se proclaman liberales, capitalistas o anarcocapitalistas. Lo vemos a diario. Cuando yo era joven fui seducido por este discurso capitalista, hablo con conocimiento de causa. Así el capitalismo, entendido como ideología, es populista.

 

 El capitalismo y el libre comercio no son la misma cosa ni lo han sido nunca, como ya dije. El comercio es bueno, la mejor manera de distribuir bienes y servicios, y debe ser regulado, para evitar abusos. El capitalismo es oligárquico y es malo, es el imperio de los abusones. El capitalismo no es libre comercio. Y, como tiende al monopolio, es un obstáculo al libre comercio. Si en el comunismo el comercio está limitado en extremo y en el fascismo está intervenido -los fascistas han sido mejores economistas que los rojos, hay que reconocerlo- en el neoliberalismo, en el imperio del capitalismo, en la actual sublimación del capitalismo, el comercio parece ser libre pero el pequeño comerciante no puede competir jamás con la gran empresa, menos aún con Amazon, que no solo es enorme sino que ofrece también una forma de vida basada en el consumo a través de su plataforma sin tener en cuenta al comercio tradicional, salvo a aquellos que formen parte de su red de reparto. El capitalismo te permite comerciar, pero en los mercados que te digan: que no se te ocurra comerciar con los chinos ni establecer un sistema de pago alternativo al Swift, a VISA (The Vanguard Group y BlackRock ) o a Mastercard, que se lo digan a los brasileños. Coño, precisamente ahora, que los países que antes eran comunistas quieren comerciar. Deberían recibirlos con los brazos abiertos, pero no es así. Al capitalismo no le gusta el libre comercio.


 Y estos liberales tienen ideas contrarias a la moral. Creen que el rico es rico porque lo merece (pensando siempre en ellos mismos) o que "la mayor muestra de un alto IQ es tú cuenta corriente". Son ideas totalitarias. Están dispuestos a dejar morir a aquel que no haya conseguido tener el dinero suficiente para mantener el estilo de vida de la época. En la época actual se han abandonado las tesis racistas, es decir, no se tiene en cuenta su raza para conceder a un ser humano los derechos de un ciudadano. Pero sí hay quien considera que los pobres carecen de la inteligencia necesaria para prosperar. En esto hay algunos que toman la riqueza como indicador de inteligencia, de capacidad cerebral innata, y hay otros que consideran que un deficiente desarrollo cognitivo te impide prosperar. Estos últimos tienen algo de razón, pues es sabido que quienes vienen de familias desestructuradas, tienen algún tipo de trastorno de la personalidad ni mucho menos una discapacidad cognitiva difícilmente van a rendir igual en el trabajo (principal fuente de ingresos) que quienes son felices y sanos, ni van a ser competentes para establecer relaciones sociales como aquellos. Vale, pueden tener algo de razón, pero es ese tipo de comentarios que son odiosos, y cada vez más es razón muy afinada para excluir a candidatos a un puesto de trabajo e incluso para establecer políticas laborales y sanitarias. Hay actualmente una tendencia clara de medicalización de personas inadaptadas al entorno social, personas que antes, hace un par de décadas, no hubieran tenido problemas para conseguir trabajo. Y como dije no se sigue un criterio racista, pero sí se establece la necesidad de sustituir a estas personas que ya no pueden adaptarse. Y así se usa la inmigración para sustituir a los trabajadores que tienen demasiados años o que no se adaptan bien, sin tener en cuenta la nacionalidad o el origen. Esto es algo normal hoy en día, casi todo el mundo lo acepta, incluso los del bando socialdemócrata. Y es algo capitalista, pues se siguen los criterios de máxima disponibilidad para el trabajo y juventud, porque a partir de los cuarenta años los trabajadores empiezan a tener achaques, y entonces no conviene tenerlos en nómina. Al fin y al cabo la inmigración se ha usado para que aumente el volumen de negocio, sobre todo en hostelería y turismo. Esto es un hecho político.


 Recientemente, Larry Fink, CEO de BlackRock, comentó que se asoció el perfil ideológico a la capacidad de generar riqueza, en un proceso de cambio paradigma. Es decir, se adaptaban mejor a los cambios tecnológicos y a las nuevas maneras de administrar el patrimonio aquellos que aceptaban una serie de cambios culturales, generalmente asociados a la izquierda, como la ideología de género o la política migratoria. Estas novedades dieron lugar a lógicas controversias, y algunos que se oponían a ellas ya eran ricos, pero es cierto que una legión de pobres no adaptados han ido a formar parte del prosélito de partidos de extrema derecha, ¡que actualmente son capitalistas! Recapitulemos: la “izquierda” es capitalista y se adapta mejor a la banca electrónica y a las hipotecas leoninas y la “extrema derecha”, se adapte o no al nuevo paradigma, al nuevo estilo de vida, se declaran capitalistas o anarcocapitalistas y vitorean a Trump y a Milei, cuando han sido machacados ideológicamente por el capitalismo desde 2004, año primero de Facebook. Tanto izquierdas como derechas han sido abducidas por el capitalismo, pero al establecerse un nuevo paradigma ideológico esas izquierdas moderadas, socialdemócratas (que son liberales) se han adaptado mejor y sus modos son de mejor tono... Es decir, los socialdemócratas, muy influidos por los demócratas americanos, se han convertido en los "hombres grises" que decía Arendt. Curioso.


 A pesar de que la mayoría de los votantes ya han sido abducidos hay disidentes, pero son una minoría de magufos, terraplanistas, podemitas, zurdos de mierda, terroristas o cualquier otra lindeza por estilo. Hannah Arendt dijo que el fascismo del futuro sería antifascista, que el totalitarismo del futuro sería antitotalitario, que rechazaría al comunismo y al fascismo, y ya lo tenemos: el capitalismo, el nuevo liberalismo, es ese nuevo fascismo. Viene reuniendo todas las condiciones desde los años sesenta, cuando se establecen las políticas de natalidad actuales y se establece una pretendida revolución cultural que es totalmente dirigida por el poder, durante varias etapas y con diversas variantes. Y, como digo, el capitalismo se ha sublimado, se ha comido a sí mismo, y se ha convertido en un movimiento antidemocrático. Incluso han publicado manifiestos contra la democracia (el de Peter Thiel es el último), estableciendo una “Ilustración Oscura”.


Es curioso, porque hace un siglo, en la tercera posición (contra el liberalismo), había quienes todavía eran demócratas. Pero después todo se enfocó al fascismo. Sucede algo similar, porque en este movimiento revolucionario capitalista conviven Peter Thiel, Federico Jiménez Lo Santos y Milei, por ejemplo.


La condición revolucionaria (revolución tecnológica), es otra característica que lo asemeja con los movimientos totalitarios del pasado: El capitalismo ya es eugenista -contra los feos y los pobres, los untermensch del capitalismo-, enemigo del libre comercio, populista, revolucionario y antidemocrático. Es el nuevo totalitarismo consolidado. Y aunque débiles, ya hay muchas voces que alertan sobre esto, aunque con moderación, porque nadie quiere arriesgar su estilo de vida y los periodistas suelen tener un trabajo más o menos bien pagado (no todos); algunos son ricos, como Carlos Herrera o como Julia Otero, que critican a Trump ambos.


La gran diferencia es que hace un siglo había hambre y mucho analfabetismo y el Antiguo Régimen acabó definitivamente en la Primera Guerra Mundial. Ahora hay ninis, legiones de analfabetos funcionales, pero no hay hambre. Pero estamos al borde de una guerra. Los parias de la Tierra ya no son el lumpen proletario sino los hombres, más pobres, con menos títulos académicos y habiendo perdido su dominio patriarcal. Ahora sólo hay que convertirlos en veteranos de la tercera guerra mundial.


Incluso han creado su propio estilo olímpico y paramilitar, con el mismo tipo de culto al cuerpo que los nazis o los comunistas. Su canon de perfección física son chicos y chicas jóvenes, muy altos, que hacen crossfit y lucen cuerpos musculosos, algunos muy tatuados. Pero no es una belleza sensual, es una belleza amenazante, incluso en las chicas, de cuerpos saturados de testosterona y prestos a matar a los especímenes inferiores que se les acerquen. Los atletas de Leni Riefenstal son mucho menos amenazantes ahora, pero en su época sí lo eran. Es una belleza inalcanzable, la belleza de unos dioses y diosas capaces de provocar la licuefacción de nuestros imperfectos cuerpos con un rotundo pisotón.

 

  Y dejo para el final lo que es más evidente: el capitalismo tiene sus dictaduras bananeras. Estas eran antes de inspiración fascista, dictaduras militares aupadas por la CIA y caracterizadas por el toque de queda y los fusilamientos. Sin embargo ahora son dictaduras policiales en las que su líder hace de influencer en redes sociales y nacionalizan criptomonedas como moneda de cambio. El caso más evidente de esto es el de El Salvador y Nayib Bukele. Milei podría entrar en este grupo por su aventura con las criptomonedas y porque su triunfo no habría sido posible sin las redes sociales, pero estaría más en consonancia con Jair Bolsonaro, más chapados a la antigua y caracterizados por su total entrega a Estados Unidos e Israel, en detrimento de la soberanía de sus propios países. Quien apunta maneras de dictador bananero digital, por su histrionismo y forma de comunicar, es Abelardo de la Espriella, que acaba de ser investido. Ya veremos cómo se desempeña. Así que esta nueva forma de dictaduras bananeras digitales sería la última característica notable del nuevo totalitarismo capitalista, que ya toma forma propia sin ocultarse. Es cierto que Venezuela o Nicaragua también han intentado introducir las criptomonedas en su economía sin éxito (los otros tampoco tienen mucho éxito), pero no son capitalistas. No hablo de los Chicago Boys ni nada de eso. La verdad es que llevan ochenta años practicando y refinando el control social y la tortura. Pero aquellas dictaduras no se llamaban a sí mismas "capitalistas". Estas de ahora sí lo hacen, se han consolidado con un carácter propio. Y eso está bien, porque a ese egregor capitalista se le pueda ya dar forma y enfrentarlo.


Todo esto no lo he visto yo sólo, desde luego, muchos vienen advirtiéndolo, yo estoy uniendo las piezas de un puzle. Muchos autores actuales hablan de estas cosas, pero todos ellos confunden la actividad económica con el capitalismo, dan por hecho que los estados no pueden hacer nada contra este capitalismo (lo que no es cierto) y tienen un lenguaje muy confuso pretendidamente marxista o socialdemócrata. Como ya expliqué antes forman parte del problema, porque viven muy bien, cuando el problema es que el capitalismo ha invadido de manera intolerable la política de los estados y está aumentando la desigualdad al tiempo que disminuye la libertad de comercio, en favor de los monopolios y el domino anglosajón y sionista. Y otro problema es que a esto le llaman "fascismo", pero es otra cosa nueva, como vengo exponiendo en este artículo. La conexión que el fascismo tuvo con la oligarquía, el capitalismo, resultó en que la oligarquía venció, se los comió. No son fascistas (que eran anticapitalistas), son otra cosa nueva que se ha ido creando durante los últimos ochenta años y ahora emerge exultante para prevalecer: el capitalismo ha devenido en el nuevo totalitarismo consolidado del siglo XXI como una “hiperoligarquía” directora de un imperio mundial, dueño incluso del celeste espacio exterior conocido.



Ernesto García-Testón Gómez a 08 de agosto de 2026.





Ernesto García-Testón Gómez 2026.

Este artículo está publicado con licencia Creative Commons.

Se autoriza a que se comparta o inserte mencionando la fuente.

No se autoriza la alteración del documento ni su uso lucrativo.


jueves, 23 de julio de 2026

Notas sobre Poesía.




"Il trovatore Perdigon", Wikimedia Commons





La extraordinaria poesía de principios del siglo XX y la posterior decadencia.


Durante los últimos tres meses he estado leyendo y estudiando a los poetas en lengua inglesa de hace un siglo. Me quedo con tres poetas de referencia, los tres amigos entre sí: Ezra Pound, William Carlos Williams y James Joyce. Ezra Pound quizá sea (para mí lo es) el mejor poeta norteamericano de todos los tiempos y el mejor en lengua inglesa del siglo XX, y es el que trataré, por ser también el más revolucionario y el que mejor explica cómo escribir poesía -revolucionario por su técnica y sus teorías, no por sus ideas, que también eran revolucionarias, pero yo no las comparto-.


Ezra Pound evolucionó desde el modernismo hacia el imagismo (o imaginismo) y hacia el vorticismo y hacia una nueva forma de escribir poesía que ha dado la poesía actual, así como lo digo. Sus normas y la claridad con la que las expresa (su prosa es cristalina) permiten comprender no sólo como componía él en inglés sino cómo componer en cualquier lengua con base latina (él era un verdadero entendido en anglosajón antiguo y sabía hablar francés, español e italiano). Usaba los pies rítmicos de Grecia, algo que actualmente, en español, se hace por medio de los acentos, como hacían Bécquer o Rubén Darío.


Resumo sus normas para el Imagismo:

1.- Tratar el tema principal de forma directa, ya sea de manera objetiva o subjetiva.

2.- Eliminar todas las palabras superfluas que no contribuyan a la presentación.

3.- Por lo que se refiere al ritmo: componer en la secuencia de la frase musical, no en la secuencia del metrónomo. Esto es adaptar el verso a la música antes que al ritmo mecánico y repetitivo; romper ese ritmo cuando la melodía lo precise.


En el imagismo todavía conserva la formalidad de la composición modernista. Después, en sus poemas posteriores y en Los Cantares -The Cantos”, que ya es su estilo vorticista por secciones-, se verá que la melodía la cambia a placer, creando disonancias, como en la música futurista y mecanicista (el vorticismo es otra forma de futurismo). En los poemas vorticistas los poemas se basan en un objeto o protagonista principal y se establecen varias líneas temáticas, en las que se divide el poema o cantar (lo explica en los artículos de Il Mare).


Ponerse a explicar esto concienzudamente es aburridísimo y no sirve al propósito original que es generar un poema con fundamento rítmico pero intuitivo; rítmico de modo que no sea necesaria ya la rima e intuitivo para que fluctúen las líneas desde el vórtice.

Suaviza las normas antes dadas por influencia de la poesía oriental, que como explica en "El ABC de la lectura" o en "Cómo leer", utiliza la metáfora de manera natural por no existir palabras para definir determinadas cosas. Por ejemplo: si no tienen la palabra "rojo" utilizan la palabra "cereza" o "rubí" o algo parecido. Esto lo saca directamente de la poesía oriental, japonesa y china, que conoció por Ernest Fenollosa.


"Imagismo" se dice porque se generan imágenes. Veamos el poema "En la estación de metro" de Ezra Pound:

"La aparición de esos rostros en la multitud; pétalos en una rama oscura y húmeda".


Esto es un "haikai" japonés escrito en inglés. Tan fácil como eso. En este caso, no hay ni ritmo ni rima, sólo imagen y sensación. Al contrario de lo que indica Jorge Luis Borges en sus reglas para el Ultraísmo, Ezra Pound no suprime los adjetivos, aunque los reduce al mínimo. Los adjetivos son necesarios, pero no se debe abusar de ellos. "Paradiso", de José Lezama Lima, por ejemplo, son quinientas páginas sin adjetivos, lo que hace la lectura (y la escritura) un tanto complicada. Ezra Pound es flexible con esto, como lo es con el ritmo y con la melodía. Siempre pensé que Borges bromeaba y es mucho mejor su poesía en prosa, de todas formas.


Coincide con Rabindranath Tagore (a quien cogió ojeriza) en que la poesía debía mirar al infinito (de las Meditaciones de Tagore), aunque Pound era ateo. Como es lógico, no siempre es así, pero no cae en el intimismo o los detalles sucios, como hace James Joyce en "Ulises", para no salir de ellos. Busca lo excelso.


Escritores como Borges o Lorca miraban a lo que estaba ocurriendo en el mundo. Y el vórtice de la revolución de la poesía de aquella época era Ezra Pound, quien influye, a su vez en Allen Ginsberg, la nueva generación, la Generación Beat, y por ende, en todos los posteriores. Los poetas modernos, la mayoría, se deben a él, quizá sin saberlo; todos suponen una decadencia en comparación con él y con sus contemporáneos. La cultura anglosajona domina desde hace un siglo, cultura pop mediante, hasta 1981, año desde el cual todo parece decadencia (a mí me lo parece). El Fin de la Historia le sentó fatal a la poesía.


Comparad a Bécquer, Oscar Wilde, Baudelaire, Rubén Darío, los hermanos Machado, Valle-Inclán, Unamuno, Rabindranath Tagore, Lorca, César Vallejo, Borges, Foxá, D'Annunzio, Vladimir Mayakovski, Ezra Pound, Yeats, T.S. Eliot o James Joyce; comparadlos con el mismo Allen Ginsberg y los posteriores: la diferencia es abismal en cuanto a la calidad. Es evidente que algo malo ha pasado, que deberíamos intentar hacer las cosas mejor y exigir cosas mejores.

 

Se ha producido una uniformación del estilo poético. En la actualidad predominan degeneraciones de la Generación Beat, influida directamente por Ezra Pound, y del estilo más fluido de Robert Frost. El estilo surrealista parece que se quedó atrás. En todo caso, tampoco ha sido superado. Se han hecho cosas nuevas, pero los poetas y poetisas actuales no superan esto, que se sepa, me refiero a los famosos, a los que conocemos. Muchas innovaciones artísticas eran desconocidas o proscritas en su época y es probable que ahora pase lo mismo y en alguna parte se estén haciendo cosas geniales. No lo sé.



Notas sobre estilo.


Los poemas ya no se cantan en monodias, así que no hay que usar pies como en la Antigüedad. La adaptación natural es usar los acentos (y no las sílabas largas o cortas). Sí se usa la técnica del "monstruo", que sería algo así como el "Prisencolinensinain-ciusol" de Adriano Celentano, pero para componer canciones (primero se establecen el ritmo y los sonidos y después se ponen las palabras adecuadas en base a eso). Es parecido y es esto a lo que nos referimos cuando hablamos de "seguir la melodía". La seguimos en nuestra mente para componer poemas.

 

Para versos endecasílabos podemos usar la siguiente norma:

1.- Tonos o acentos en sílabas 1 y 6 es "enfático".

2.- Tonos en 2 y 6 es "heroico" o sentencioso.

3.- Tonos en 3 y en 6 es "melódico".

 

Ejemplo:

"Del saLÓN en el ÁNgulo oscuro,

de su DUEña tal VEZ olvidada,

silenCIOsa y cuBIERta de polvo,

veíase el arpa".


Es una estrofa sáfica con endecasílabos melódicos. El ritmo del poema reside en los acentos. Es la manera de adaptar un ritmo clásico al lenguaje moderno y a la cadencia poética moderna. Vemos un ejemplo de hexámetro en castellano:


“Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda”, de Rubén Darío.


En versos más cortos podemos usar sólo el primer acento, en uno, en dos o en tres. Y en poemas largos o con estrofas largas, podemos ordenar este ritmo en grupos iguales, con cambios intermedios y alternando este ritmo con otros recursos, como repeticiones y rima cruzada con la partición del verso. Y la partición del verso no es necesario fijarla en un hemistiquio, pero si usar la subordinación, las conjunciones, las preposiciones, los verbos, etc. El verso se puede partir en dos así, dándole cadencia. Por ejemplo: "nadie sabe /qué pasa por mi mente" se recita con una pequeña pausa entre el verbo y el adverbio, y sigue: ni qué hacen/ mi mano derecha ni mi izquierda", haciendo que "sabe" y "hacen" rimen y que se repitan las estructuras; no sigue el ritmo estricto, pero lo parece. Se hace esto (y se hacen otras cosas) a conveniencia y siguiendo la melodía mentalmente. Se me antoja a mí hacerlo de esta manera.


Un ejemplo de cómo usar la división del verso lo vemos en la bulería:

"Que no se hable - con nadie 

"no quiero - que se hable con nadie

"¡No más! - que con el confesor,

"ni con su madre - ni con su padre"


Veamos ahora cómo estructurar un poema en base a la generación de imágenes.

 


Generar imágenes.


Li Ching-chao, "Canto del Sur" (Nan Ge Zi).


Vía Láctea:

río de estrellas

girando por el cielo

todos las cortinas se han bajado


el frío va conquistando

mi lecho y mi almohada

llenos de lágrimas


entonces me levanto


me desabrocho el vestido de seda


solo quiero saber

qué tiempo es ya de la noche


se han desprendido algunos pétalos verdes

de los lotos que ornan mi ropa

y hay menos filamentos de oro en sus raíces


pero todo es igual que siempre:

la estación

este vestido


únicamente mi pena

no es la misma de antes.


Se sigue una secuencia:

1.- Imagen elevada, celestial: la Vía Láctea, la noche.

2.- Se produce un acercamiento a la casa, a las cortinas.

3.- Se da la sensación ambiental: el frío; y se asocia esto a sus sentimientos: las lágrimas.

4.- Su propia imagen: la de ella, que va cumpliendo años, y utiliza la metáfora de los pétalos de seda de su vestido para expresarlo.

5.- Se termina con una conclusión (el tratamiento directo del tema): su pena.


Pues esto se puede repetir, es decir, establecer una secuencia visual, como si fuésemos a filmar una secuencia en vídeo.


Así que el poema puede (y debe) tener ritmo, melodía, métrica, rima, imágenes, sensaciones, etc.


Y con estas indicaciones creo que ya se puede empezar a escribir. Yo no soy partidario de dar una manera concreta de hacerlo: que cada cual haga lo que quiera. Pero sí creo que deben tenerse en cuenta todas estas cosas para escribir un poema que tenga un mínimo de elaboración y no sea sólo una retahíla de consideraciones sentimentales.


En cuanto a cuál va a ser el contenido del poema, pues yo sugiero que primero se redacte un texto en prosa, ordenado, y que de él se saquen los versos, que después se ajustan con ritmo, metro y rima. No es fácil, pero esta es una manera racional de hacerlo, por muy lírico que sea el poema. Nadie escribe de buenas a primeras.



Como ejemplo de esto que digo podéis leer “La Divina Mímesis” de Pier Paolo Pasolini, su poema inconcluso, que se quedó en fase de composición. En ese texto ya están definidos los temas, las imágenes, las evocaciones, alegorías, etcétera, y estaba en una fase anterior a la composición formal definitiva.


Un ejemplo de composición.

El otro día escribí uno de mis absurdos hilos en Twitter, dedicado a la playa. a partir del contenido de este hilo, compuse un poema de versos cortos y basado en la imagen y el ritmo.

https://twitter.com/ideascreacion20/status/1599367639620415488?s=20&t=BL7IqHoN11PIk-6ecO-AhQ



El poema:

1 Mar deja con su vaivén
   plata sobre la arena;
   reflejo de azul
   sobre el que levitan
5 las patas de unos chorlitos
   que picotean la orilla.
   Fría brisa invernal saca brillo
   a la plata del mar.

   Sentado sobre el ruinoso
10 pantalán abandonado
   (vestigio de tiempos mejores)
   me diluyo en la vacuidad
   y no siento placer ni dolor.

   Durero representó
   15 a la Melancolía
   junto a la costa.

   Playa es muerte:
   nada vive aquí
   salvo malas hierbas.
   20 Playa es liminal,
   entre la tierra y el mar;
   aquí nada queda,
   por mucho tiempo.



Ernesto García-testón Gómez, junto la playa, a 19 de diciembre de 2022.



Corregido a día 23 de julio de 2026, en Asturias, junto a la playa.




Ernesto García-Testón Gómez 2026.

Este artículo está publicado con licencia Creative Commons.

Se autoriza a que se comparta o inserte mencionando la fuente.

No se autoriza la alteración del documento ni su uso lucrativo.



sábado, 27 de junio de 2026

El sacrificio materialista.

 

Sexagésima Inauguración Presidencial, 20 de enero de 2025, fotografía de Julia Demaree Nikhinson para Associated Press. De izquierda a derecha: Mark Zuckerberg, Jeff Bezos y esposa, Sundar Pichai e Elon Musk.


 El sacrificio es un "shock" que se graba en la memoria colectiva. Se crea un trance traumático, una fractura, que nos hace sugestionables para asimilar un axioma y un estado de cosas, tradicional o nuevo. La comunidad cree en la culpabilidad de la víctima. Se sacrifica también por "economía del exceso", para devolver lo que nos sobra y purgar el pecado de tener más de lo debido o de lo que se merece. A través de la culpa y del trance del "shock" se establece el orden. Es evidente que quienes imponen el orden se creen superiores, imbuidos de un poder superior y se sitúan por encima de la culpa. El mal sacerdote renuncia a todo para poseerlo todo. En el caso de personas como un oligarca tecnológico (o tecnoligarca), estos son cínicos, no son creyentes más que de sí mismos. Lo quieren poseer todo: te quieren poseer a ti, a través de la magia vinculorum del clustering (desprovista de toda metafísica) y por el reconocimiento biométrico.

 Nadie merece ser tan rico como Peter Thiel o como Larry Ellison, ni siquiera ellos mismos, pero la prosperidad, el bienestar y darse lujos, que el propio buen gusto favorece, no es motivo para sentirse culpable por tener más, según una mediocridad mezquina, de baja cota; ser rico no te convierte en oligarca. Pero el orden capitalista crea una mediocridad de baja cota y usa al pobre como chivo expiatorio: nadie trabaja lo suficiente como para hacerse rico. Pero hay que entender que el comercio, la buena gestión del trabajo y el buen uso del dinero no son necesariamente capitalismo, entendiendo el capitalismo como la ideología que antepone el dinero y el orden oligárquico por encima de todo. Una cosa es ser rico y otra ser un oligarca, como se puede ser pobre y no ser un tipejo mediocre que exija sacrificios ni asuma culpas que no le corresponden. La mediocridad de una sociedad define la talla cultural que tiene. Uno de los rasgos que tiene el capitalismo es el mal gusto, porque crear belleza y dársela a los demás es un sacrificio generoso. Se puede ser rico y ser generoso, o se puede ser rico y tener a todo el mundo atrapado en una red social automatizada, propiedad de oligarcas, en la cual la estética cae en bucles de involución, y quien se siente culpable cae en una conducta de ociosidad (culpable) enfermiza: en cada post pide sacrificios o se inmola en ese templo virtual de una religión impía, la red social, cuyo fin no es alcanzar la trascendencia sino darle dinero y poder a un oligarca a través de la entrega de nuestra propia energía vital, nuestros pensamientos o de nuestro dinero. Nuestra vida y nuestros sentimientos se monetizan, y además tenemos miles de “opciones”, por un precio pecuniario cada una.

 Quien haya presenciado una matanza de un cerdo o haya practicado sexo entiende que quien está vivo se enfrenta al trauma a diario, y esto se hace ritual con diversos fines, según la cultura. Pero en la cultura capitalista el sacrifico no es tan evidente, y es corporal, porque el cerebro es parte del cuerpo, es un sacrificio lento. Y en esta cultura cada paso te lleva al cadalso en el que serás víctima o chachalmeca. Y nuestra cultura es capitalista, basada en la posesión material, la culpa de los idiotas e idolatrar a los oligarcas como nuevos dioses en la Tierra.

 La exploración filosófica, artística o mística genuinas, alejadas de la corriente impuesta por la oligarquía, son siempre las únicas maneras de establecer un nuevo orden más justo y más bello -y próspero, por qué no-. Pero no es un camino fácil. A lo largo de la historia, quienes han desafiado al orden de esta manera no han logrado fama y fortuna en vida, si acaso gloria después después de morir, de manera horrible algunos de ellos. Y la tecnología puede usarse con este fin de alcanzar lo verdaderamente superior, por qué no. Yo estoy usando la tecnología para escribir y difundir esta modesta pieza que acabo de componer. Al hacerlo con con medios gratuitos, con un procesador de texto de código abierto, con un blog gratuito, en repositorios gratuitos, no tengo el mismo alcance que tendría si pagara al oligarca correspondiente, pero mi mensaje en la botella ya ha sido lanzado al océano de bits que es Internet.



Ernesto García-Testón Gómez a 28 de junio de 2026.





Ernesto García-Testón Gómez 2026.

Este artículo está publicado con licencia Creative Commons.

Se autoriza a que se comparta o inserte mencionando la fuente.

No se autoriza la alteración del documento ni su uso lucrativo.