sábado, 8 de agosto de 2026

El nuevo totalitarismo que predijo Hannah Arendt.

 

Hannah Arendt en los años 30.


 

 La palabra "capitalismo" es peligrosa y es confusa. Marx hablaba de “capital” y la palabra capitalismo fue usada después por socialistas franceses, a mediados del siglo XIX, y desde entonces se popularizó la palabra, que erróneamente se confunde con el comercio. El capitalismo es la oligarquía que mantiene su capital, su riqueza, mediante su poder e influencia. Y mediante ese poder y esa influencia las grandes fortunas se hacen cada vez mayores. Es lo que siempre se ha conocido como oligarquía, siendo la “oligarchía” o “gobierno de unos pocos” lo contrario de “aritokratia” o “gobierno de los mejores”, que también son unos pocos. Se entiende entonces que la oligarquía son unos pocos muy ricos y poderosos, aunque de intelecto mediocre, que hacen lo que sea por alcanzar el poder y permanecer en él para seguir siendo ricos y poderosos o serlo aún más, cuando la aristocracia se distingue por la sabiduría y la rectitud, aun para ceder el poder.


 Siempre ha habido oligarquía, Rousseau o Marx tenían razón, pero esto es algo que siempre ha impactado negativamente el libre comercio. Para los comunistas el comercio, todo el comercio, es capitalismo, o tienen un concepto de lo que es comercio bastante peculiar. El comerciante siempre va a intentar sacar lo máximo posible en una transacción, y hace bien; el gobernante debe permitir el comercio y debe permitir que las personas comercien, pero dentro de un orden, evitando abusos. Esto es de sentido común y cualquiera que no sea un usurero o un comunista lo entiende, lo daremos por sentado. Ahora bien, voy a tener en cuenta que la oligarquía capitalista se ha apoderado de la palabra “libertad” para justificar que la oligarquía haga lo que le venga en gana. Y voy a demostrar que el capitalismo se ha convertido en una ideología totalitaria, aunque pretenda ser justo lo contrario. La primera prueba de esto es que se han apropiado de la palabra “libertad”, como los comunistas; concedamos a los fascistas que nunca hicieron tal cosa, aunque fueran totalitarios.


 Uno de los filósofos de referencia para el liberalismo (que se ha degradado mucho desde la Ilustración y desde el Partido Liberal inglés) es Hayek. Hayek cayó en una falacia lógica: "si el fascismo y el comunismo son anticapitalistas, entonces la libertad es democracia y capitalismo". Es una falacia lógica evidente, un mal argumento, y él también confunde el capitalismo con el comercio. Y no es verdad, porque puede haber capitalismo, democracia populista y control totalitario, no es incompatible, tal y como estamos viendo en estos días. Debido a este error, el capitalismo se ha convertido en una ideología -como el comunismo o el fascismo y alejándose del liberalismo con el que pretende equipararse- y la democracia se ha utilizado para crear un sistema donde los trabajadores mal pagados se autoproclaman capitalistas. Esto es absurdo. Estos pobres ciudadanos creen que permitiendo hacer a su antojo a la oligarquía ellos también podrán ser ricos; y llegando a tener cierta comodidad y alguna propiedad lo creen realmente -generalmente su casa, aunque algunos se creen ricos cuando ya llegan a poseer un modesto e impronunciable Nissan Qashqai, lo he visto-.


 Friedrich Hayek era economista y no filósofo. Le pasa algo parecido a Nassim Nicholas Taleb, que confunde a los estoicos con los cínicos. Qué gente tan pesada. Aún así me parece más sensata la influencia de Taleb, que por lo menos disuade a muchos de querer ponerse a invertir como si estuvieran locos, con el frenesí de un ludópata. Pero, aunque tengan mentes notables hay que cuestionar lo que digan estos eminentes economistas cuando se ponen a filosofar.


 Con respecto al Estado, dirigido por los líderes elegidos por el pueblo, hay que decir que esperamos de él que nos conceda un amplio grado de libertad, aunque el Estado debe intervenir, no de forma excesiva, y debe hacerlo con justicia, y así este ejercicio de gobierno debe ser llevado a cabo por alguien con experiencia y perspicacia, no por filósofos ni por sirvientes de los capitalistas, de la oligarquía (idealmente). Ningún gobernante es perfecto, pero los hay mejores que otros, pero las personas educadas sin adoctrinamiento pero sí con honradez, y afán de darles más conocimiento y que este sea verdadero, entienden que necesitan a alguien al mando que sea mejor que ellos y que les desee bienestar y prosperidad y cierta libertad de acción. Es de sentido común y no merece la pena seguir con esto. Sigamos.


 Como decía, el capitalismo es oligarquía, tiende al monopolio y eso es malo para el libre comercio. El capitalismo es malo para el libre comercio, es oligárquico y finalmente se ha convertido en una ideología totalitaria (monopolista) y mantenida por un electorado desinformado y fanático. Esto lo estamos viendo en el trumpismo norteamericano o el mileísmo argentino. Los individuos que componen la masa enfervorecida por el loco de la motosierra, al grito de “¡surdos de mierda!”, creen que ellos también son capitalistas o pueden serlo. El heroísmo era el objetivo más elevado para comunistas o fascistas y para estos lo es el dinero, tener dinero, ser ricos, ser capitalistas, poseer capital. Piensan en dinero y entran en trance. Ni que decir tiene que son y serán timados, como todo aquel que pierde el seso cuando ve un fajo de estampitas con un billete encima. Lo vemos también en España entre el electorado que pretende ser de derechas cuando muchos se proclaman liberales, capitalistas o anarcocapitalistas. Lo vemos a diario. Cuando yo era joven fui seducido por este discurso capitalista, hablo con conocimiento de causa. Así el capitalismo, entendido como ideología, es populista.

 

 El capitalismo y el libre comercio no son la misma cosa ni lo han sido nunca, como ya dije. El comercio es bueno, la mejor manera de distribuir bienes y servicios, y debe ser regulado, para evitar abusos. El capitalismo es oligárquico y es malo, es el imperio de los abusones. El capitalismo no es libre comercio. Y, como tiende al monopolio, es un obstáculo al libre comercio. Si en el comunismo el comercio está limitado en extremo y en el fascismo está intervenido -los fascistas han sido mejores economistas que los rojos, hay que reconocerlo- en el neoliberalismo, en el imperio del capitalismo, en la actual sublimación del capitalismo, el comercio parece ser libre pero el pequeño comerciante no puede competir jamás con la gran empresa, menos aún con Amazon, que no solo es enorme sino que ofrece también una forma de vida basada en el consumo a través de su plataforma sin tener en cuenta al comercio tradicional, salvo a aquellos que formen parte de su red de reparto. El capitalismo te permite comerciar, pero en los mercados que te digan: que no se te ocurra comerciar con los chinos ni establecer un sistema de pago alternativo al Swift, a VISA (The Vanguard Group y BlackRock ) o a Mastercard, que se lo digan a los brasileños. Coño, precisamente ahora, que los países que antes eran comunistas quieren comerciar. Deberían recibirlos con los brazos abiertos, pero no es así. Al capitalismo no le gusta el libre comercio.


 Y estos liberales tienen ideas contrarias a la moral. Creen que el rico es rico porque lo merece (pensando siempre en ellos mismos) o que "la mayor muestra de un alto IQ es tú cuenta corriente". Son ideas totalitarias. Están dispuestos a dejar morir a aquel que no haya conseguido tener el dinero suficiente para mantener el estilo de vida de la época. En la época actual se han abandonado las tesis racistas, es decir, no se tiene en cuenta su raza para conceder a un ser humano los derechos de un ciudadano. Pero sí hay quien considera que los pobres carecen de la inteligencia necesaria para prosperar. En esto hay algunos que toman la riqueza como indicador de inteligencia, de capacidad cerebral innata, y hay otros que consideran que un deficiente desarrollo cognitivo te impide prosperar. Estos últimos tienen algo de razón, pues es sabido que quienes vienen de familias desestructuradas, tienen algún tipo de trastorno de la personalidad ni mucho menos una discapacidad cognitiva difícilmente van a rendir igual en el trabajo (principal fuente de ingresos) que quienes son felices y sanos, ni van a ser competentes para establecer relaciones sociales como aquellos. Vale, pueden tener algo de razón, pero es ese tipo de comentarios que son odiosos, y cada vez más es razón muy afinada para excluir a candidatos a un puesto de trabajo e incluso para establecer políticas laborales y sanitarias. Hay actualmente una tendencia clara de medicalización de personas inadaptadas al entorno social, personas que antes, hace un par de décadas, no hubieran tenido problemas para conseguir trabajo. Y como dije no se sigue un criterio racista, pero sí se establece la necesidad de sustituir a estas personas que ya no pueden adaptarse. Y así se usa la inmigración para sustituir a los trabajadores que tienen demasiados años o que no se adaptan bien, sin tener en cuenta la nacionalidad o el origen. Esto es algo normal hoy en día, casi todo el mundo lo acepta, incluso los del bando socialdemócrata. Y es algo capitalista, pues se siguen los criterios de máxima disponibilidad para el trabajo y juventud, porque a partir de los cuarenta años los trabajadores empiezan a tener achaques, y entonces no conviene tenerlos en nómina. Al fin y al cabo la inmigración se ha usado para que aumente el volumen de negocio, sobre todo en hostelería y turismo. Esto es un hecho político.


 Recientemente, Larry Fink, CEO de BlackRock, comentó que se asoció el perfil ideológico a la capacidad de generar riqueza, en un proceso de cambio paradigma. Es decir, se adaptaban mejor a los cambios tecnológicos y a las nuevas maneras de administrar el patrimonio aquellos que aceptaban una serie de cambios culturales, generalmente asociados a la izquierda, como la ideología de género o la política migratoria. Estas novedades dieron lugar a lógicas controversias, y algunos que se oponían a ellas ya eran ricos, pero es cierto que una legión de pobres no adaptados han ido a formar parte del prosélito de partidos de extrema derecha, ¡que actualmente son capitalistas! Recapitulemos: la “izquierda” es capitalista y se adapta mejor a la banca electrónica y a las hipotecas leoninas y la “extrema derecha”, se adapte o no al nuevo paradigma, al nuevo estilo de vida, se declaran capitalistas o anarcocapitalistas y vitorean a Trump y a Milei, cuando han sido machacados ideológicamente por el capitalismo desde 2004, año primero de Facebook. Tanto izquierdas como derechas han sido abducidas por el capitalismo, pero al establecerse un nuevo paradigma ideológico esas izquierdas moderadas, socialdemócratas (que son liberales) se han adaptado mejor y sus modos son de mejor tono...


 A pesar de que la mayoría de los votantes ya han sido abducidos hay disidentes, pero son una minoría de magufos, terraplanistas, podemitas, zurdos de mierda, terroristas o cualquier otra lindeza por estilo. Hannah Arendt dijo que el fascismo del futuro sería antifascista, que el totalitarismo del futuro sería antitotalitario, que rechazaría al comunismo y al fascismo, y ya lo tenemos: el capitalismo, el nuevo liberalismo, es ese nuevo fascismo. Viene reuniendo todas las condiciones desde los años sesenta, cuando se establecen las políticas de natalidad actuales y se establece una pretendida revolución cultural que es totalmente dirigida por el poder, durante varias etapas y con diversas variantes. Y, como digo, el capitalismo se ha sublimado, se ha comido a sí mismo, y se ha convertido en un movimiento antidemocrático. Incluso han publicado manifiestos contra la democracia (el de Peter Thiel es el último), estableciendo una “Ilustración Oscura”.


Es curioso, porque hace un siglo, en la tercera posición (contra el liberalismo), había quienes todavía eran demócratas. Pero después todo se enfocó al fascismo. Sucede algo similar, porque en este movimiento revolucionario capitalista conviven Peter Thiel, Federico Jiménez Lo Santos y Milei, por ejemplo.


La condición revolucionaria (revolución tecnológica), es otra característica que lo asemeja con los movimientos totalitarios del pasado: El capitalismo ya es eugenista -contra los feos y los pobres, los untermensch del capitalismo-, enemigo del libre comercio, populista, revolucionario y antidemocrático. Es el nuevo totalitarismo consolidado. Y aunque débiles, ya hay muchas voces que alertan sobre esto, aunque con moderación, porque nadie quiere arriesgar su estilo de vida y los periodistas suelen tener un trabajo más o menos bien pagado (no todos); algunos son ricos, como Carlos Herrera o como Julia Otero, que critican a Trump ambos.


La gran diferencia es que hace un siglo había hambre y mucho analfabetismo y el Antiguo Régimen acabó definitivamente en la Primera Guerra Mundial. Ahora hay ninis, legiones de analfabetos funcionales, pero no hay hambre. Pero estamos al borde de una guerra. Los parias de la Tierra ya no son el lumpen proletario sino los hombres, más pobres, con menos títulos académicos y habiendo perdido su dominio patriarcal. Ahora sólo hay que convertirlos en veteranos de la tercera guerra mundial.


Incluso han creado su propio estilo olímpico y paramilitar, con el mismo tipo de culto al cuerpo que los nazis o los comunistas. Su canon de perfección física son chicos y chicas jóvenes, muy altos, que hacen crossfit y lucen cuerpos musculosos, algunos muy tatuados. Pero no es una belleza sensual, es una belleza amenazante, incluso en las chicas, de cuerpos saturados de testosterona y prestos a matar a los especímenes inferiores que se les acerquen. Los atletas de Leni Riefenstal son mucho menos amenazantes ahora, pero en su época sí lo eran. Es una belleza inalcanzable, la belleza de unos dioses y diosas capaces de provocar la licuefacción de nuestros imperfectos cuerpos con un rotundo pisotón.

 

  Y dejo para el final lo que es más evidente: el capitalismo tiene sus dictaduras bananeras. Estas eran antes de inspiración fascista, dictaduras militares aupadas por la CIA y caracterizadas por el toque de queda y los fusilamientos. Sin embargo ahora son dictaduras policiales en las que su líder hace de influencer en redes sociales y nacionalizan criptomonedas como moneda de cambio. El caso más evidente de esto es el de El Salvador y Nayib Bukele. Milei podría entrar en este grupo por su aventura con las criptomonedas y porque su triunfo no habría sido posible sin las redes sociales, pero estaría más en consonancia con Jair Bolsonaro, más chapados a la antigua y caracterizados por su total entrega a Estados Unidos e Israel, en detrimento de la soberanía de sus propios países. Quien apunta maneras de dictador bananero digital, por su histrionismo y forma de comunicar, es Abelardo de la Espriella, que acaba de ser investido. Ya veremos cómo se desempeña. Así que esta nueva forma de dictaduras bananeras digitales sería la última característica notable del nuevo totalitarismo capitalista, que ya toma forma propia sin ocultarse. Es cierto que Venezuela o Nicaragua también han intentado introducir las criptomonedas en su economía sin éxito (los otros tampoco tienen mucho éxito), pero no son capitalistas. No hablo de los Chicago Boys ni nada de eso. La verdad es que llevan ochenta años practicando y refinando el control social y la tortura. Pero aquellas dictaduras no se llamaban a sí mismas "capitalistas". Estas de ahora sí lo hacen, se han consolidado con un carácter propio. Y eso está bien, porque a ese egregor capitalista se le pueda ya dar forma y enfrentarlo.


Todo esto no lo he visto yo sólo, desde luego, muchos vienen advirtiéndolo, yo estoy uniendo las piezas de un puzle. Muchos autores actuales hablan de estas cosas, pero todos ellos confunden la actividad económica con el capitalismo, dan por hecho que los estados no pueden hacer nada contra este capitalismo (lo que no es cierto) y tienen un lenguaje muy confuso pretendidamente marxista o socialdemócrata. Como ya expliqué antes forman parte del problema, porque viven muy bien, cuando el problema es que el capitalismo ha invadido de manera intolerable la política de los estados y está aumentando la desigualdad al tiempo que disminuye la libertad de comercio, en favor de los monopolios y el domino anglosajón y sionista. Y otro problema es que a esto le llaman "fascismo", pero es otra cosa nueva, como vengo exponiendo en este artículo. La conexión que el fascismo tuvo con la oligarquía, el capitalismo, resultó en que la oligarquía venció, se los comió. No son fascistas (que eran anticapitalistas), son otra cosa nueva que se ha ido creando durante los últimos ochenta años y ahora emerge exultante para prevalecer: el capitalismo ha devenido en el nuevo totalitarismo consolidado del siglo XXI como una “hiperoligarquía” directora de un imperio mundial, dueño incluso del celeste espacio exterior conocido.



Ernesto García-Testón Gómez a 08 de agosto de 2026.





Ernesto García-Testón Gómez 2026.

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jueves, 23 de julio de 2026

Notas sobre Poesía.




"Il trovatore Perdigon", Wikimedia Commons





La extraordinaria poesía de principios del siglo XX y la posterior decadencia.


Durante los últimos tres meses he estado leyendo y estudiando a los poetas en lengua inglesa de hace un siglo. Me quedo con tres poetas de referencia, los tres amigos entre sí: Ezra Pound, William Carlos Williams y James Joyce. Ezra Pound quizá sea (para mí lo es) el mejor poeta norteamericano de todos los tiempos y el mejor en lengua inglesa del siglo XX, y es el que trataré, por ser también el más revolucionario y el que mejor explica cómo escribir poesía -revolucionario por su técnica y sus teorías, no por sus ideas, que también eran revolucionarias, pero yo no las comparto-.


Ezra Pound evolucionó desde el modernismo hacia el imagismo (o imaginismo) y hacia el vorticismo y hacia una nueva forma de escribir poesía que ha dado la poesía actual, así como lo digo. Sus normas y la claridad con la que las expresa (su prosa es cristalina) permiten comprender no sólo como componía él en inglés sino cómo componer en cualquier lengua con base latina (él era un verdadero entendido en anglosajón antiguo y sabía hablar francés, español e italiano). Usaba los pies rítmicos de Grecia, algo que actualmente, en español, se hace por medio de los acentos, como hacían Bécquer Rubén Darío.


Resumo sus normas para el Imagismo:

1.- Tratar el tema principal de forma directa, ya sea de manera objetiva o subjetiva.

2.- Eliminar todas las palabras superfluas que no contribuyan a la presentación.

3.- Por lo que se refiere al ritmo: componer en la secuencia de la frase musical, no en la secuencia del metrónomo. Esto es adaptar el verso a la música antes que al ritmo mecánico y repetitivo; romper ese ritmo cuando la melodía lo precise.


En el imagismo todavía conserva la formalidad de la composición modernista. Después, en sus poemas posteriores y en Los Cantares -The Cantos”, que ya es su estilo vorticista por secciones-, se verá que la melodía la cambia a placer, creando disonancias, como en la música futurista y mecanicista (el vorticismo es otra forma de futurismo). En los poemas vorticistas los poemas se basan en un objeto o protagonista principal y se establecen varias líneas temáticas, en las que se divide el poema o cantar (lo explica en los artículos de Il Mare).


Ponerse a explicar esto concienzudamente es aburridísimo y no sirve al propósito original que es generar un poema con fundamento rítmico pero intuitivo; rítmico de modo que no sea necesaria ya la rima e intuitivo para que fluctúen las líneas desde el vórtice.

Suaviza las normas antes dadas por influencia de la poesía oriental, que como explica en "El ABC de la lectura" o en "Cómo leer", utiliza la metáfora de manera natural por no existir palabras para definir determinadas cosas. Por ejemplo: si no tienen la palabra "rojo" utilizan la palabra "cereza" o "rubí" o algo parecido. Esto lo saca directamente de la poesía oriental, japonesa y china, que conoció por Ernest Fenollosa.


"Imagismo" se dice porque se generan imágenes. Veamos el poema "En la estación de metro" de Ezra Pound:

"La aparición de esos rostros en la multitud; pétalos en una rama oscura y húmeda".


Esto es un "haikai" japonés escrito en inglés. Tan fácil como eso. En este caso, no hay ni ritmo ni rima, sólo imagen y sensación. Al contrario de lo que indica Jorge Luis Borges en sus reglas para el Ultraísmo, Ezra Pound no suprime los adjetivos, aunque los reduce al mínimo. Los adjetivos son necesarios, pero no se debe abusar de ellos. "Paradiso", de José Lezama Lima, por ejemplo, son quinientas páginas sin adjetivos, lo que hace la lectura (y la escritura) un tanto complicada. Ezra Pound es flexible con esto, como lo es con el ritmo y con la melodía. Siempre pensé que Borges bromeaba y es mucho mejor su poesía en prosa, de todas formas.


Coincide con Rabindranath Tagore (a quien cogió ojeriza) en que la poesía debía mirar al infinito (de las Meditaciones de Tagore), aunque Pound era ateo. Como es lógico, no siempre es así, pero no cae en el intimismo o los detalles sucios, como hace James Joyce en "Ulises", para no salir de ellos. Busca lo excelso.


Escritores como Borges o Lorca miraban a lo que estaba ocurriendo en el mundo. Y el vórtice de la revolución de la poesía de aquella época era Ezra Pound, quien influye, a su vez en Allen Ginsberg, la nueva generación, la Generación Beat, y por ende, en todos los posteriores. Los poetas modernos, la mayoría, se deben a él, quizá sin saberlo; todos suponen una decadencia en comparación con él y con sus contemporáneos. La cultura anglosajona domina desde hace un siglo, cultura pop mediante, hasta 1981, año desde el cual todo parece decadencia (a mí me lo parece). El Fin de la Historia le sentó fatal a la poesía.


Comparad a Bécquer, Oscar Wilde, Baudelaire, Rubén Darío, los hermanos Machado, Valle-Inclán, Unamuno, Rabindranath Tagore, Lorca, César Vallejo, Borges, Foxá, D'Annunzio, Vladimir Mayakovski, Ezra Pound, Yeats, T.S. Eliot o James Joyce; comparadlos con el mismo Allen Ginsberg y los posteriores: la diferencia es abismal en cuanto a la calidad. Es evidente que algo malo ha pasado, que deberíamos intentar hacer las cosas mejor y exigir cosas mejores.

 

Se ha producido una uniformación del estilo poético. En la actualidad predominan degeneraciones de la Generación Beat, influida directamente por Ezra Pound, y del estilo más fluido de Robert Frost. El estilo surrealista parece que se quedó atrás. En todo caso, tampoco ha sido superado. Se han hecho cosas nuevas, pero los poetas y poetisas actuales no superan esto, que se sepa, me refiero a los famosos, a los que conocemos. Muchas innovaciones artísticas eran desconocidas o proscritas en su época y es probable que ahora pase lo mismo y en alguna parte se estén haciendo cosas geniales. No lo sé.



Notas sobre estilo.


Los poemas ya no se cantan en monodias, así que no hay que usar pies como en la Antigüedad. La adaptación natural es usar los acentos (y no las sílabas largas o cortas). Sí se usa la técnica del "monstruo", que sería algo así como el "Prisencolinensinain-ciusol" de Adriano Celentano, pero para componer canciones (primero se establecen el ritmo y los sonidos y después se ponen las palabras adecuadas en base a eso). Es parecido y es esto a lo que nos referimos cuando hablamos de "seguir la melodía". La seguimos en nuestra mente para componer poemas.

 

Para versos endecasílabos podemos usar la siguiente norma:

1.- Tonos o acentos en sílabas 1 y 6 es "enfático".

2.- Tonos en 2 y 6 es "heroico" o sentencioso.

3.- Tonos en 3 y en 6 es "melódico".

 

Ejemplo:

"Del saLÓN en el ÁNgulo oscuro,

de su DUEña tal VEZ olvidada,

silenCIOsa y cuBIERta de polvo,

veíase el arpa".


Es una estrofa sáfica con endecasílabos melódicos. El ritmo del poema reside en los acentos. Es la manera de adaptar un ritmo clásico al lenguaje moderno y a la cadencia poética moderna. Vemos un ejemplo de hexámetro en castellano:


Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda”, de Rubén Darío.


En versos más cortos podemos usar sólo el primer acento, en uno, en dos o en tres. Y en poemas largos o con estrofas largas, podemos ordenar este ritmo en grupos iguales, con cambios intermedios y alternando este ritmo con otros recursos, como repeticiones y rima cruzada con la partición del verso. Y la partición del verso no es necesario fijarla en un hemistiquio, pero si usar la subordinación, las conjunciones, las preposiciones, los verbos, etc. El verso se puede partir en dos así, dándole cadencia. Por ejemplo: "nadie sabe /qué pasa por mi mente" se recita con una pequeña pausa entre el verbo y el adverbio, y sigue: ni qué hacen/ mi mano derecha ni mi izquierda", haciendo que "sabe" y "hacen" rimen y que se repitan las estructuras; no sigue el ritmo estricto, pero lo parece. Se hace esto (y se hacen otras cosas) a conveniencia y siguiendo la melodía mentalmente. Se me antoja a mí hacerlo de esta manera.


Un ejemplo de cómo usar la división del verso lo vemos en la bulería:

"Que no se hable - con nadie 

"no quiero - que se hable con nadie

"¡No más! - que con el confesor,

"ni con su madre - ni con su padre"


Veamos ahora cómo estructurar un poema en base a la generación de imágenes.

 


Generar imágenes.


Li Ching-chao, "Canto del Sur" (Nan Ge Zi).


Vía Láctea:

río de estrellas

girando por el cielo

todos las cortinas se han bajado


el frío va conquistando

mi lecho y mi almohada

llenos de lágrimas


entonces me levanto


me desabrocho el vestido de seda


solo quiero saber

qué tiempo es ya de la noche


se han desprendido algunos pétalos verdes

de los lotos que ornan mi ropa

y hay menos filamentos de oro en sus raíces


pero todo es igual que siempre:

la estación

este vestido


únicamente mi pena

no es la misma de antes.


Se sigue una secuencia:

1.- Imagen elevada, celestial: la Vía Láctea, la noche.

2.- Se produce un acercamiento a la casa, a las cortinas.

3.- Se da la sensación ambiental: el frío; y se asocia esto a sus sentimientos: las lágrimas.

4.- Su propia imagen: la de ella, que va cumpliendo años, y utiliza la metáfora de los pétalos de seda de su vestido para expresarlo.

5.- Se termina con una conclusión (el tratamiento directo del tema): su pena.


Pues esto se puede repetir, es decir, establecer una secuencia visual, como si fuésemos a filmar una secuencia en vídeo.


Así que el poema puede (y debe) tener ritmo, melodía, métrica, rima, imágenes, sensaciones, etc.


Y con estas indicaciones creo que ya se puede empezar a escribir. Yo no soy partidario de dar una manera concreta de hacerlo: que cada cual haga lo que quiera. Pero sí creo que deben tenerse en cuenta todas estas cosas para escribir un poema que tenga un mínimo de elaboración y no sea sólo una retahíla de consideraciones sentimentales.


En cuanto a cuál va a ser el contenido del poema, pues yo sugiero que primero se redacte un texto en prosa, ordenado, y que de él se saquen los versos, que después se ajustan con ritmo, metro y rima. No es fácil, pero esta es una manera racional de hacerlo, por muy lírico que sea el poema. Nadie escribe de buenas a primeras.



Como ejemplo de esto que digo podéis leer “La Divina Mímesis” de Pier Paolo Pasolini, su poema inconcluso, que se quedó en fase de composición. En ese texto ya están definidos los temas, las imágenes, las evocaciones, alegorías, etcétera, y estaba en una fase anterior a la composición formal definitiva.


Un ejemplo de composición.

El otro día escribí uno de mis absurdos hilos en Twitter, dedicado a la playa. a partir del contenido de este hilo, compuse un poema de versos cortos y basado en la imagen y el ritmo.

https://twitter.com/ideascreacion20/status/1599367639620415488?s=20&t=BL7IqHoN11PIk-6ecO-AhQ



El poema:

1 Mar deja con su vaivén
   plata sobre la arena;
   reflejo de azul
   sobre el que levitan
5 las patas de unos chorlitos
   que picotean la orilla.
   Fría brisa invernal saca brillo
   a la plata del mar.

   Sentado sobre el ruinoso
10 pantalán abandonado
   (vestigio de tiempos mejores)
   me diluyo en la vacuidad
   y no siento placer ni dolor.

   Durero representó
   15 a la Melancolía
   junto a la costa.

   Playa es muerte:
   nada vive aquí
   salvo malas hierbas.
   20 Playa es liminal,
   entre la tierra y el mar;
   aquí nada queda,
   por mucho tiempo.



Ernesto García-testón Gómez, junto la playa, a 19 de diciembre de 2022.



Corregido a día 23 de julio de 2026, en Asturias, junto a la playa.




Ernesto García-Testón Gómez 2026.

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sábado, 27 de junio de 2026

El sacrificio materialista.

 

Sexagésima Inauguración Presidencial, 20 de enero de 2025, fotografía de Julia Demaree Nikhinson para Associated Press. De izquierda a derecha: Mark Zuckerberg, Jeff Bezos y esposa, Sundar Pichai e Elon Musk.


 El sacrificio es un "shock" que se graba en la memoria colectiva. Se crea un trance traumático, una fractura, que nos hace sugestionables para asimilar un axioma y un estado de cosas, tradicional o nuevo. La comunidad cree en la culpabilidad de la víctima. Se sacrifica también por "economía del exceso", para devolver lo que nos sobra y purgar el pecado de tener más de lo debido o de lo que se merece. A través de la culpa y del trance del "shock" se establece el orden. Es evidente que quienes imponen el orden se creen superiores, imbuidos de un poder superior y se sitúan por encima de la culpa. El mal sacerdote renuncia a todo para poseerlo todo. En el caso de personas como un oligarca tecnológico (o tecnoligarca), estos son cínicos, no son creyentes más que de sí mismos. Lo quieren poseer todo: te quieren poseer a ti, a través de la magia vinculorum del clustering (desprovista de toda metafísica) y por el reconocimiento biométrico.

 Nadie merece ser tan rico como Peter Thiel o como Larry Ellison, ni siquiera ellos mismos, pero la prosperidad, el bienestar y darse lujos, que el propio buen gusto favorece, no es motivo para sentirse culpable por tener más, según una mediocridad mezquina, de baja cota; ser rico no te convierte en oligarca. Pero el orden capitalista crea una mediocridad de baja cota y usa al pobre como chivo expiatorio: nadie trabaja lo suficiente como para hacerse rico. Pero hay que entender que el comercio, la buena gestión del trabajo y el buen uso del dinero no son necesariamente capitalismo, entendiendo el capitalismo como la ideología que antepone el dinero y el orden oligárquico por encima de todo. Una cosa es ser rico y otra ser un oligarca, como se puede ser pobre y no ser un tipejo mediocre que exija sacrificios ni asuma culpas que no le corresponden. La mediocridad de una sociedad define la talla cultural que tiene. Uno de los rasgos que tiene el capitalismo es el mal gusto, porque crear belleza y dársela a los demás es un sacrificio generoso. Se puede ser rico y ser generoso, o se puede ser rico y tener a todo el mundo atrapado en una red social automatizada, propiedad de oligarcas, en la cual la estética cae en bucles de involución, y quien se siente culpable cae en una conducta de ociosidad (culpable) enfermiza: en cada post pide sacrificios o se inmola en ese templo virtual de una religión impía, la red social, cuyo fin no es alcanzar la trascendencia sino darle dinero y poder a un oligarca a través de la entrega de nuestra propia energía vital, nuestros pensamientos o de nuestro dinero. Nuestra vida y nuestros sentimientos se monetizan, y además tenemos miles de “opciones”, por un precio pecuniario cada una.

 Quien haya presenciado una matanza de un cerdo o haya practicado sexo entiende que quien está vivo se enfrenta al trauma a diario, y esto se hace ritual con diversos fines, según la cultura. Pero en la cultura capitalista el sacrifico no es tan evidente, y es corporal, porque el cerebro es parte del cuerpo, es un sacrificio lento. Y en esta cultura cada paso te lleva al cadalso en el que serás víctima o chachalmeca. Y nuestra cultura es capitalista, basada en la posesión material, la culpa de los idiotas e idolatrar a los oligarcas como nuevos dioses en la Tierra.

 La exploración filosófica, artística o mística genuinas, alejadas de la corriente impuesta por la oligarquía, son siempre las únicas maneras de establecer un nuevo orden más justo y más bello -y próspero, por qué no-. Pero no es un camino fácil. A lo largo de la historia, quienes han desafiado al orden de esta manera no han logrado fama y fortuna en vida, si acaso gloria después después de morir, de manera horrible algunos de ellos. Y la tecnología puede usarse con este fin de alcanzar lo verdaderamente superior, por qué no. Yo estoy usando la tecnología para escribir y difundir esta modesta pieza que acabo de componer. Al hacerlo con con medios gratuitos, con un procesador de texto de código abierto, con un blog gratuito, en repositorios gratuitos, no tengo el mismo alcance que tendría si pagara al oligarca correspondiente, pero mi mensaje en la botella ya ha sido lanzado al océano de bits que es Internet.



Ernesto García-Testón Gómez a 28 de junio de 2026.





Ernesto García-Testón Gómez 2026.

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domingo, 17 de mayo de 2026

Crónica de la Edad de la Incertidumbre.

 


Dibujo mío de hace años realizado con lápices y rotulador de punta fina.



Introducción.

Estamos en una época en la que el orden establecido tras la Segunda Guerra Mundial va a cambiar. Sabemos que cambiarán cosas y estamos recibiendo constantes mensajes alarmistas. La sensación no es nada buena: la incertidumbre no nos gusta, da miedo. Pero vivimos en la época de la incertidumbre.

Van a ser necesarias políticas sociales serias, por lo que debería haber una junta formada por expertos de los principales partidos, pero eso no sucederá jamás, la democracia no funciona así. Eso ocurriría en ese mundo utópico que todos tenemos en la cabeza. En la vida real todo es más prosaico y los partidos y los oligarcas desarrollan un juego en el que todos los participantes suelen tomar, si pueden, la opción más egoísta, para tomar el poder o para permanecer en él. La democracia es eso, porque la democracia consiste en ganar en solitario para ordenar las cosas a conveniencia. Nunca hemos vivido mejor, pero ya no podemos ser más ricos, y eso también nos hace sentir mucha incertidumbre acerca de lo que nos deparará la vida. Esa incertidumbre nos enferma y al mismo tiempo mantiene el orden, es necesaria para que se mantenga la fe en la democracia.

No hay que confundir incertidumbre con confusión. A lo largo de este artículo voy a exponer cosas que van a confundir, pero mi intención es aclarar el desbarajuste social, económico y cultural en el que vivimos y de dónde viene. Intentaré ser muy explícito para que todo se entienda bien, pero si eres alguien que no está acostumbrado a leer y no tienes muchos conocimientos quizá sí te resulte confuso y quizá algunas cosas te resulten dolorosas. Mi intención en todo momento es ser claro y no hacer daño.

 



Cómo hemos cambiado.

Hubo varios momentos en los que toda la estructura cambió. Cambió la situación mundial, se firmaron pactos, se efectuaron cambios orgánicos y la propaganda y los incendios del Reichstag hicieron el resto. En España podemos tomar como hitos 2004, 2011 y 2015:

-En 2004 España se alinea con las políticas "globalistas" después de la victoria de José Luis Rodríguez Zapatero, facilitada por el mayor atentado terrorista sufrido por España tres días antes de las elecciones. Lo interesante de esto fue que hubo un consenso político sobre la continuidad de las elecciones. Se dijeron muchas cosas, pero todo siguió en marcha. No es justo decir que el PSOE sea el culpable de las políticas migratorias, porque el PP mantiene los pactos con la ONU desde 1996 (sobre lo acordado en la Cumbre de El Cairo de 1994). Llevamos 30 años con esas políticas, cuya principal función es la de reponer la mano de obra en sociedades envejecidas (pero no se actúa sobre las causas de ese envejecimiento).

-En 2011 el 15M fue la revolución de colores juvenil de España justo después de las Primaveras Árabes: a partir de entonces el discurso político se volvió emocional (e irracional), las personas mayores de 45 años fueron desplazadas y sobre la juventud (<35) se generó necesidad de compra de vivienda, lo que provocó más demanda y muchos problemas. La cultura democrática cambió, se adoptó la cultura de la cancelación y la sociedad quedó polarizada.

-En 2015 se reafirman las políticas de los Objetivos del Milenio cuando el PP firma la Agenda 2030 (mandaba Rajoy), se crean organismos ad hoc y el Estado empieza a estructurarse en torno a esta agenda. Actualmente se destina aproximadamente la mitad del presupuesto a la Agenda 2030 a sus instituciones y organismos. El propio Estado es una máquina cuyo fin es implantar esa agenda de Naciones Unidas.

Ahora en 2026 todo se ha puesto patas arriba: el conflicto latente con el petróleo que Occidente viene soportando desde 1973 ha estallado, Israel quiere imponerse como potencia en Oriente Medio y Estados Unidos domina el mercado mundial de hidrocarburos, después de provocar una guerra en Europa, en Ucrania, que mantiene a Rusia fuera del mercado oficial de hidrocarburos, de los sistemas de pago principales y en bloqueo comercial. Pero las cosas no pasan porque sí ni empiezan hace dos días. Vayamos atrás en el tiempo.

Desde 1975 (quizá antes) en España se vienen adoptando la cultura norteamericana y el neoliberalismo. En esto viene implícito un estilo de alta calidad de vida y de baja natalidad. Con el paso del tiempo se han ido disminuyendo las tasas de natalidad y ha aumentado la necesidad de inmigrantes para ocupar puestos de trabajo y mantener volúmenes de negocio -esto es prioritario, no aumentar la natalidad-. Cuando los inmigrantes sean viejos (mayores de cuarenta y cinco) harán lo que han hecho desde hace treinta años: traer más. Es desagradable hablar de esto, porque los inmigrantes están adaptados y sufren, han establecido lazos emocionales y familiares con nosotros y participan de la cultura política emocional antes mencionada (al igual que los españoles no razonan o no piensan más que en su beneficio inmediato o en sus sentimientos); y además los inmigrantes no tienen la culpa de nada, sólo intentan tener una vida mejor, como todo el mundo. Pero racionalmente hay que observar que todo empieza en 1945 con el afán norteamericano de disminuir la población mundial y acaba en un "pacto migratorio" cuya finalidad es proporcionar mano de obra, con la excusa del envejecimiento. Y estos inmigrantes, aunque vengan de países subdesarrollados, cuando vienen aquí adoptan nuestras costumbres y tienen menos hijos. Eso de que "paren como conejas" no es cierto, adoptan nuestras costumbres. Y lo repito: cuando estos envejezcan harán lo mismo que vienen haciendo desde hace treinta años que es introducir más inmigración. La trayectoria viciada es una población tan envejecida o más que la de antes, en la que se incluyen inmigrantes que lleven veinte o treinta años aquí, y una nueva inmigración "de reemplazo" más joven. No es un Plan Kalergi (como piensan algunos tan idiotas como Kalergi) sino una adaptación demográfica extrema del capitalismo, cuya función no es equilibrar la cultura, la ley y la economía sino explotar los recursos económicos, en el caso español el sector servicios, el inmobiliario, la hostelería y el turismo, principalmente. Esto es algo que ocurre en todo Occidente, de una manera u otra, y el caso español no es el más grave.

La década de los 70 es clave, porque supone el fin de los Acuerdos de Bretton Woods en 1971, la adopción de nuevas políticas de transformación social pensadas expresamente para disminuir la natalidad, la publicación de “Los límites del crecimiento”, la crisis del petróleo de 1973 y la implantación del orden neoliberal en Occidente. Todo eso pasó hace más de cincuenta años.

Hubo entonces una época de apertura social, al menos aparente. Ahora la censura ha vuelto y estas cosas sobre las que escribo no pueden decirse o no obtienen la resonancia en las redes sociales que el discurso oficial sí tiene. Si surge alguna voz que se oponga a esto el "establishment" lo combate de manera automática, algo que ha provocado que se redoblen los esfuerzos de los opositores y que los extremismos se motiven -tienen motivos, les han dado motivos-. Trump venció usando esas tecnologías, y ahora que ha vencido sí está implementando algunas medidas regresivas, ha implementado medidas contra esto en su país, contra la inmigración y de regresión de costumbres a un modelo de más alta tasa de natalidad: aparte de las acciones criminales del ICE ha despedido a trescientos mil funcionarios y ha eliminado o disminuido los servicios de guardería públicos, entre otras medidas, por lo que obliga a un gran número de mujeres a volver a casa; también quiere favorecer a la industria, ocupada mayormente por hombres, por lo que esto también favorece un cambio de costumbres que devuelva al hombre su papel de proveedor. Eso pretende, ya veremos qué resulta, pero lo que nos ocurra a nosotros los europeos le da igual. A mi entender sí necesitamos aquí un líder de colmillo retorcido que haga lo necesario, aunque no lo que hace Trump, simplemente que haga lo que más nos conviene. Y los actuales acontecimientos están cambiando algunas políticas europeas, por fuerza. La Unión Europea está reaccionando de manera muy racional en este 2026 y eso me parece bien. Veremos cosas interesantes en los próximos años, no me atrevo a vaticinar nada todavía. Pero no será una vuelta al pasado (la segunda ley de la termodinámica hace esto imposible) sino un colapso del orden social posterior a la Segunda Guerra Mundial y uno nuevo adaptado a esta época y a las necesidades locales. Estado Unidos sigue siendo muy influyente a través del poder blando, pero sufren un declive cultural. El capitalismo moderno funciona con emociones y nada más y eso no es bueno.

Tenemos problemas económicos y sociales que todavía no están siendo resueltos. La población activa española autóctona está sobrecualificada (con un 41% de graduados en el mercado laboral) o cobrando del Estado. La vivienda es carísima, siguiendo el mercado el modelo norteamericano, y se anima a comprar y no alquilar: el sector liberal (capitalista), la clase política y los propietarios no quieren que el suelo pierda valor. La mayoría de propietarios con la casa pagada tienen más de 65 años. Unos 9 millones de personas alquilan y todo apunta a que esto se va a convertir en un problema social muy grave. Y el problema del alquiler no es sólo lo que cuentan en los medios de comunicación: el alquiler de un inmueble debe ir en relación a lo que cuesta ese inmueble para que no se pierdan el rendimiento sobre el coste, por lo que se trata de un problema financiero y macroeconómico. Es decir, se tienen en cuenta los PER (Price-to-Earnings ratio) del parque inmobiliario y no la necesidad de vivienda de la población, que es cada vez mayor: aquí ya somos cincuenta millones y el precio del alquiler es cada vez mayor. ¿Dónde pretenden que viva la gente? Y los Estados ya no quieren proveer de servicios y bienes gratuitos, a fondo perdido, sino que pretenden ser empresas y delegar funciones administrativas y financieras a los ciudadanos -principalmente a empresarios y propietarios, que tienen más responsabilidades administrativas y fiscales-, aunque sus deudas sean cada día mayores, como las del Estado. Esta paradoja o incongruencia evidencia la corrupción del sistema.

Uno de los grandes éxitos del franquismo fue su política de vivienda, porque construyeron millones de pisos. Algunos son feísimos, parecen cuevas, pero eran mejores que las chabolas en las que vivieron sus primeros propietarios. Se equivocaron en que limitaron los precios antes de acabar las viviendas, pero construyeron tantas que solucionaron el problema durante veinte años desde 1964 y consolidaron la clase media. El problema que tienen los españoles, ahora en 2026, con la vivienda se resume en que hay millones de personas que no pueden acceder a la vivienda ni aun bajando los precios, porque han subido demasiado los precios (por lo antes explicado) y porque las normativas han provocado una retirada de la oferta o que los rentistas prefieran el alquiler turístico o a estudiantes, más lucrativo. El capitalismo puede bajar los precios, pero no lo suficiente, y el Estado no construye vivienda pública, que es la manera de tener vivienda barata sin intervenir directamente el mercado. Durante el franquismo las oligarquías y la burguesía podían acceder a viviendas mucho mayores por mucho menos, pero ahora prefieren usar sus inmuebles como activos -antes también, pero era más importante la clase, cuando ahora es más importante la información-. Es otra opción de inversión de las muchas que tienen, no ven la vivienda como una necesidad social.

Uno de los cambios más notables de la burguesía es que dan menos importancia a cuestiones morales y poéticas y dan más importancia al conocimiento financiero. Son menos violentos con las clases bajas, pero son igual de clasistas que antes. No necesitan la violencia, porque pueden culpar a la clase media de su decadencia: son emocionales, estúpidos, ignorantes y votan mal. Saben que tienen más dinero y más información y usan esto para mantener el estado de cosas, envolviendo esto en verborrea filosófica -la filosofía está de moda, es un Festival de las Ideas-. Por mucho que lo escondan en la retórica filosófica los burgueses actuales son tan clasistas como antes y se sienten amenazados por los que son más pobres e ignorantes que ellos, como antes, pero esas clases bajas ya no pasan hambre y no quieren matar burgueses. Pero los burgueses sí que desprecian a los pobres, a los que acusan de no tener “educación financiera”.


En estados Unidos, cuyas clases altas tienen mucho más dinero, esto ha llevado a una Ilustración Oscura que está siendo más influyente de lo que se esperaba. La Ilustración propone que la paz y el comercio van de la mano y la riqueza favorece el bienestar de la sociedad, pero la Ilustración Oscura, por el contrario, propone la "monarquía corporativa" y el aceleracionismo capitalista. Los burgueses españoles no son tan agresivos, pero son aceleracionistas, tienen miedo del Estado de bienestar, es un concepto que les resulta amenazante, porque supone mucho gasto público y por ende impuestos, pero ya hemos visto que los estados endeudados no han mejorado este Estado de bienestar y sí han favorecido los intereses de los oligarcas. Es la paradoja de la que antes hablaba. Puede que algún día averigüemos a dónde va realmente el dinero público y por qué los estados son tan ineficientes y tienen tanta deuda. También puede que no nos enteremos nunca.

Hemos cambiado. El gran cambio anterior supuso la creación de la clase media: millones de personas que antes habrían vivido en la miseria ahora trabajaban con condiciones dignas y disfrutaban de tiempo de ocio y consumían imitando la vida burguesa, en una época en la que el arte y la intención de ilustrar a la sociedad (cada país a su manera) era evidente. Ahora se habla de la desaparición de la clase media. En realidad lo que ha pasado es que una parte de esa clase media ahora está en el percentil 75 cuando antes podían ser clase media con mucho menos dinero. Antes se disfrutaban experiencias nuevas y ahora se tienen experiencias excitantes con la intención de aprovechar nuestro tiempo finito mientras se pagan hipotecas de veinte o de treinta años.



El desarrollismo.

El Desarrollismo fue malísimo, a toro pasado, pero los liberales actuales van a tener que afrontar otra etapa de reconstrucción y de adaptación a la nueva época y a los cambios tecnológicos, a ver cómo lo hacen, con el toro de frente. El desarrollismo fue algo que ocurrió en todo el mundo, no sólo en España, desde 1932 en EEUU hasta los años 80. Hicieron cosas bien e hicieron cosas mal. ¿Hay voluntad ahora de corregir los errores? No hay voluntad de hacer nada que no sea mantener a la vivienda dentro del sistema financiero, pero lo van a tener que hacer. En los últimos años se ha hablado mucho de ciudades inteligentes, de ciudades de los quince minutos y de otras innovaciones, pero no se ha hecho nada para solucionar el problema de la vivienda, que empieza a ser problemático desde 2017, ha alcanzado su punto máximo este año y sigue en aumento. Hay ideas nuevas, se conocen los errores del pasado, pero no se soluciona el problema.

La sensación generalizada es que hay una cierta regresión o involución democrática, en parte porque el liberalismo (los socialistas también son liberales) hace lo que le da la gana y en parte porque hay una contestación muy fuerte desde los sectores de extrema derecha y extrema izquierda centrados en el problema de la vivienda y en la inmigración.  La democracia necesita un nuevo desarrollismo, optimizado y adaptado a esta época, para que el ciudadano sienta que todo funciona. Ahora mismo, todos los que no tenemos patrimonio estamos desesperanzados y deseando encontrar la manera de escapara al sistema, que no ofrece nada, pero que sigue impartiendo impuestos y sanciones. Los Estados prefieren aumentar las pensiones antes que solucionar los problemas de natalidad y de vivienda, porque eso supondría cambiar el sistema neoliberal que impera desde hace más de cincuenta años. Y con esto la izquierda se está comiendo los temas sobre género e inmigración, que provienen del desarrollo capitalista profundo: el neoliberalismo es una sociedad capitalista y de consumo de baja natalidad. Se concibió así, se permitieron y alentaron los movimientos feministas y gay con ese fin, de tal forma que sólo los muy pobres o los muy ricos tengan familias numerosas, porque el bienestar social se asocia a la baja natalidad y la riqueza social al consumo. Se querían unas tasas de natalidad más bajas, pero no se ha querido limitar el volumen de negocio asociado al consumo, por lo que después, con sociedades más envejecidas cada vez, eran necesarios los inmigrantes jóvenes.


El descenso de la natalidad fue planificado. El cambio de costumbres a otras más liberales y menos machistas no es algo malo, que la mujer acceda al mercado laboral no es malo, pero la organización social y económica podría haber sido otra, de otra manera. El mundo financiero creció enormemente y se cruzó con ese cambio programado. El aumento de la inmigración para sostener los volúmenes de mercado no fue algo previsto por el planteamiento transhumanista y ambos, capitalismo y transhumanismo anglosajones, se cruzaron.

Ser consciente de toda la realidad es imposible y por tanto no se puede diseñar el futuro. Se puede hacer, pero el resultado no puedes asegurarlo. Se pueden dar momentos concretos en los que parece que esto haya funcionado -vamos a suponer que esto ocurre a finales de los años 60 del siglo XX-, pero eso no dura y acaban manifestándose las consecuencias inesperadas y estas pueden cambiarlo todo. Al final se descubre siempre que lo más importante es aquello que la técnica no puede replicar, aquello que el dinero no puede comprar. El desarrollismo permitió que la clase media pudiera disfrutar de algunas cosas que eran propias de la burguesía, como el disfrute del arte, de la música y de actividades lúdicas. Se crearon la infraestructura y las condiciones para eso y todavía las disfrutamos, pero en esos momentos era todo nuevo y más barato. Ese momento de felicidad social transitoria sigue ilustrando la idea de ese pasado maravilloso que los políticos prometen recuperar: la época del destape, La Movida, etcétera. Pero ni todo era tan bonito ni ahora va a ser tan fácil conseguirlo, porque esa intención de ofrecer al pueblo servicios públicos abundantes y arte funcional pasó hace mucho. Vendrá algo nuevo bueno, pero no aquello ni de aquella manera. La época de Gropius y de Le Corbusier pasaron, afortunadamente.



El capitalismo no es libre comercio.

El capitalismo es una ideología que prima el dinero y las finanzas por encima de todo y su utopía es el libre comercio. No se trata de un sistema de libre comercio, aunque esa sea su quimera, sino de darle finalmente todo el poder a los entramados productivos y financieros, convirtiendo a los oligarcas en dueños de todo, a nivel mundial. Este tema de la oligarquía se viene tratando desde hace más de dos mil años, pero esta nueva oligarquía nace de la ideología capitalista transhumanista y deviene en el nuevo totalitarismo, en el totalitarismo del siglo XXI. No voy a extenderme en este tema, porque se habla demasiado sin aclarar nada y porque estamos viendo que así sucede, ¿no es cierto?

El ideal ilustrado (Montesquieu, Kant o Adam Smith) dice que primero hay orden y después comercio y que la paz y el comercio van de la mano. Esto es así y el comercio es bueno. La palabra comercio es bella y la palabra capitalismo es horrible. El capitalismo atenta contra el libre comercio. Creo que es necesario aclarar esto para que se dejen de defender de manera fanática al capitalismo y los oligarcas que lo manejan. Que además, estos nuevos oligarcas están locos, son "ilustrados oscuros" y no ocultan su desprecio por la humanidad ni sus ideas eugenistas. Eso no es libre comercio. Los "siete magníficos" no son libre comercio sino amaños de oligarcas, round tripping y embudos algorítmicos de las aplicaciones robóticas que detectan tendencias alcistas y dirigen la inversión bursátil siempre a los mismos. Eso no es libre comercio.

Las burbujas inmobiliarias y los trabajadores viviendo en caravanas (o en su coche) no es libre comercio.




La democracia.

La democracia es ahora mismo tan fiable como el mercado bursátil (la vivienda es un activo) y no ofrece que se tomen decisiones de conveniencia social clara. Se sabe que se tendrán que tomar decisiones, por fuerza, pero no cuáles ni cómo. De momento nuestros cargos electos se resisten a tomarlas.

La incertidumbre es un demonio (dibujaré un Demonio de la Incertidumbre). La incertidumbre es mala para la mayoría, pero es buena para algunos, a río revuelto. Se supone que votamos para resolver los problemas y la incertidumbre. Pero lo que es cierto , lo que se sabe, es que vamos a seguir igual. El futuro es más incertidumbre.

Tomemos el caso del Reino Unido. Keir Starmer ha aprobado un paquete de medidas de recorte, pero no de cambio estructural, permaneciendo en las estructuras actuales (similares a las de España) y no paliando el problema demográfico ni habitacional. Aunque es la propia estructura la que le ataca, desde su propio partido, ese ataque y su inminente sustitución no van a arreglar nada, porque todo va a seguir igual. Todo esto empezó, para todo Occidente, en los 90, cuando Bill Clinton dijo que el sector ecológico y las oenegés eran un nuevo gran nicho de empleo, cuando "desarrollo sostenible" sustituyó al "crecimiento cero", todo dentro del capitalismo -que no del libre mercado, como EEUU demuestra constantemente-. Y antes de eso, cuando EEUU impone el orden mundial después de la Segunda Guerra Mundial, porque la disminución de la natalidad era prioritaria para ellos, sobre todo en el Tercer Mundo (Kissinger y otros querían esterilizar a los indios y a los africanos). Lo que pasa es que en aquella época estaba todo hecho ruinas; sin guerra ya había mucha pobreza (una pobreza decimonónica) y cualquier cosa que se hiciera era para mejorar. El mundo del pasado, menos democrático, no era mejor, era ascendente, sin embargo el presente es descendente: ahora vamos a tener que mejorarlo todo otra vez, aunque sufriremos algún tipo de estupor catártico antes. Va a pasar. Quienes defienden a Starmer dicen que lo que está intentando "es el futuro". Es el futuro porque es más de los mismo, más polarización y más incertidumbre. Pero sí, Reino Unido va por delante en cuanto a desintegración social. Hasta el progresista John Cleese (de los Monty Python) se ha puesto a protestar contra la destrucción de la cultura británica en favor del islamismo y contra el reemplazo migratorio. Pero el futuro después de Keir Starmer no será mejor, ya lo adelanto yo. En todo caso el Reino Unido es ahora el futuro para nosotros, como si lo miráramos en una bola de cristal.

Si eres de clase media o baja burguesía (el grueso de la población) y tienes tus problemas resueltos (una fuente de ingresos y casa propia) tu vida no va a cambiar votando a uno u otro candidato o candidata. Estos votan a su partido favorito y asimilan su discurso sin pensar, porque creen que viven bien gracias a su partido favorito, cuando deberían rezar y dar gracias a Dios por lo que tienen. Si eres muy pobre ningún partido va a solucionar tus problemas, da igual quién gane las elecciones. Si eres muy rico no votas: financias la campaña. La gran crisis de la democracia consiste en que hace mucho tiempo que no hay grandes estadistas sino títeres de las oligarquías y en que ya habíamos visto todos las costuras del sistema. Las redes sociales no sólo se han usado para desestabilizar sino también para dar la ilusión de control a los usuarios, que en parte creen unos que su voz importa y pueden influir y creen otros que son tan listos y capaces como para poner en marcha su propia "psyop" e influir, cuando unos y otros son clasificados en conjuntos de datos como perceptores de una serie de mensajes ideológicos emocionales muy repetitivos redactados expresamente para ellos. Ese engaño, esa magia informática, ha reavivado aparentemente la democracia, a costa de la mínima reflexión y de la concordia social, pero aumenta el descreimiento. Llegará el momento en el que el ruido cese o simplemente debamos apartar nuestra vista de la pantalla y nos encontraremos a solas con un absoluto descreimiento en la democracia. ¿Qué pasará entonces? Pues no se sabe: más incertidumbre, y aquí nos encontramos otra paradoja: la incertidumbre es lo que sostiene la democracia, sin ella no habría motivos para ir a votar. El mundo de antes era ascendente y el de ahora es decadente, antes se votaba para mejorar y ahora se vota para no ir a peor, para no ir a una mala situación indefinida que sólo puede describirse con clichés del pasado.

¿Cuánto tiempo podemos seguir así? No tengo ni idea. Pero la manera de gobernar tiene que cambiar. Que constantemente nos ofrezcan incertidumbre y que esa sensación de incertidumbre sea exacerbada constantemente por medio de la propaganda de una campaña electoral continua y de la propaganda de los grupos publicitarios asociados al mundo editorial y las finanzas es inaceptable y en algunos casos es criminal.
Conclusión.

Estamos en un momento de techo de la liquidez. Los mercados financieros han crecido tanto y han detraído tanto del dinero social circulante que ya no hay dinero suficiente para mantenerlos. Y éramos pocos y parió la abuela: ingenieros británicos y norteamericanos crearon Bitcoin. Satoshi es Banksy y Banksy es Satoshi: capitalismo y baja cultura creada por redactores publicitarios y diseñadores gráficos, alfalfa para los burros. El capitalismo es el totalitarismo del siglo XXI y al igual que el comunismo o el fascismo tiene un ideal de ser humano superior, atlético, con alto cociente intelectual y longevo: el nerd con genética mejorada. la mejora genética no es un ideal novedoso pero sí la edición genética y ahora se especula con la posibilidad de que la clase dirigente llegue a vivir ciento y cincuenta años -algunos están llegando a los cien, mal bicho nunca muere, podría decirse-. El mensaje nihilista en boga ahora viene de ellos, de los ilustrados oscuros. La sociedad del siglo XXI es emocional y las interpretaciones apocalípticas vienen de la crispación generada por el ruido y la desinformación y de la incertidumbre, propagadas por los medios de comunicación, tal y como Adolfo el del bigotillo hiciera tiempo ha con la radio (Orson Welles provocó el mayor y más repentino episodio de histeria colectiva del siglo XX gracias a la radio). Las redes sociales tienen más poder que la radio, sobre todo por su capacidad audiovisual, la combinación de sonido e imagen, porque el poder de la radio, como esto, no es el texto sino la voz y la imagen, para una asimilación rápida y analfabeta del mensaje y de la transmisión de emociones. La radio tenía un alcance limitado y esto es mundial, sin necesidad de estudios de radio ni antenas. Parece diferente porque no es tan explícito, pero tiene capacidad de transformar las percepciones y las ideas, es peligroso.

No se sabe qué va a pasar, pero llevamos ya cincuenta y cinco años viviendo en un estado de techo de riqueza mundial y de continua evolución. Internet fue una tecnología disruptiva que mejoró el mundo, pero la inteligencia artificial es algo que va a cambiar radicalmente el trabajo y va a ser bueno para los beneficios pero malo para las personas, que al fin y al cabo son los consumidores. Sabemos que va a pasar algo malo, pero no sabemos qué ni cómo nos vamos a adaptar. En los países ricos nunca hemos vivido mejor que ahora, estamos en un techo de bienestar: no podemos vivir mejor, de momento. Hay un problema con la vivienda, que es el principal síntoma de que estamos en un techo, el síntoma más doloroso, aparte de que lo sería un desabastecimiento de alimentos, que también cada día están más caros (todavía no hemos llegado a eso). ¿Habrá un Ragnarök (Raégnarúk) capitalista? Eso dicen, y se genera mucha incertidumbre asustándonos con esa posibilidad. La incertidumbre hace necesaria la democracia mientras ese cataclismo financiero nunca llegue, pero cuando ocurre muchas personas hacen lo que sea para salir adelante y cambian sus convicciones. Y tanta incertidumbre también produce hartazgo.

Estamos en la cúspide del pico de la gráfica a nivel mundial, pero no todos los países van al mismo ritmo. La población está envejecida porque se pensó que el mundo había de ser dirigido por menos personas, pero nadie tuvo en cuenta la codicia y que se mantendría el aumento de volumen de negocio en todos los mercados ni que los países menos desarrollados se desarrollarían. China e India ahora son grandes potencias y son el 21% del PIB mundial y el 36% de la población. Europa tiene un problema con los recursos naturales, pero somos una potencia en innovación tecnológica (las mejores máquinas para hacer chips son europeas). Estados Unidos tienen gran implantación cultural, pero el trap o neorap reguetonero no sé cuánto más tiempo va a reinar. La cultura es importante, porque quien controla la estética y los símbolos controla las mentes. En la Unión Europea sólo los franceses han mantenido una cultura fuerte y propia y tienen plataformas de red social propias en francés y censuradas por ellos, aunque BeReal y Dailymotion no tienen tanta audiencia como Facebook o YouTube (pero tienen millones de seguidores). También los franceses son en la Unión Europea los que se adelantaron en desarrollar una inteligencia artificial con Mistral; están muy por detrás de GrokAI o Anthropic, pero tienen tecnología propia. Estamos en una cima y hay que bajar hacia un valle desconocido en el que necesitaremos determinadas cosas. Los mensajes recibidos a través de las redes sociales aumentan la sensación de incertidumbre y es necesario controlar esto.

Al depender durante tantos años de EEUU y sumarnos a su decadencia cultural hemos entrado en su lógica de descomposición anterior a un renacimiento (solve et coagula), pero yo soy optimista: estamos a tiempo de reaccionar, esas cosas no suceden de la noche a la mañana. Quizá sí debemos disolver el orden actual y crear otro nuevo, pero con nuestra receta, menos materialista y no dado a intereses que no son los nuestros.



Ernesto García-Testón Gómez a 17 de mayo de 2026.