La palabra "capitalismo" es peligrosa y es confusa. Marx hablaba de “capital” y la palabra capitalismo fue usada después por socialistas franceses, a mediados del siglo XIX, y desde entonces se popularizó la palabra, que erróneamente se confunde con el comercio. El capitalismo es la oligarquía que mantiene su capital, su riqueza, mediante su poder e influencia. Y mediante ese poder y esa influencia las grandes fortunas se hacen cada vez mayores. Es lo que siempre se ha conocido como oligarquía, siendo la “oligarchía” o “gobierno de unos pocos” lo contrario de “aritokratia” o “gobierno de los mejores”, que también son unos pocos. Se entiende entonces que la oligarquía son unos pocos muy ricos y poderosos, aunque de intelecto mediocre, que hacen lo que sea por alcanzar el poder y permanecer en él para seguir siendo ricos y poderosos o serlo aún más, cuando la aristocracia se distingue por la sabiduría y la rectitud, aun para ceder el poder.
Siempre ha habido oligarquía, Rousseau o Marx tenían razón, pero esto es algo que siempre ha impactado negativamente el libre comercio. Para los comunistas el comercio, todo el comercio, es capitalismo, o tienen un concepto de lo que es comercio bastante peculiar. El comerciante siempre va a intentar sacar lo máximo posible en una transacción, y hace bien; el gobernante debe permitir el comercio y debe permitir que las personas comercien, pero dentro de un orden, evitando abusos. Esto es de sentido común y cualquiera que no sea un usurero o un comunista lo entiende, lo daremos por sentado. Ahora bien, voy a tener en cuenta que la oligarquía capitalista se ha apoderado de la palabra “libertad” para justificar que la oligarquía haga lo que le venga en gana. Y voy a demostrar que el capitalismo se ha convertido en una ideología totalitaria, aunque pretenda ser justo lo contrario. La primera prueba de esto es que se han apropiado de la palabra “libertad”, como los comunistas; concedamos a los fascistas que nunca hicieron tal cosa, aunque fueran totalitarios.
Uno de los filósofos de referencia para el liberalismo (que se ha degradado mucho desde la Ilustración y desde el Partido Liberal inglés) es Hayek. Hayek cayó en una falacia lógica: "si el fascismo y el comunismo son anticapitalistas, entonces la libertad es democracia y capitalismo". Es una falacia lógica evidente, un mal argumento, y él también confunde el capitalismo con el comercio. Y no es verdad, porque puede haber capitalismo, democracia populista y control totalitario, no es incompatible, tal y como estamos viendo en estos días. Debido a este error, el capitalismo se ha convertido en una ideología -como el comunismo o el fascismo y alejándose del liberalismo con el que pretende equipararse- y la democracia se ha utilizado para crear un sistema donde los trabajadores mal pagados se autoproclaman capitalistas. Esto es absurdo. Estos pobres ciudadanos creen que permitiendo hacer a su antojo a la oligarquía ellos también podrán ser ricos; y llegando a tener cierta comodidad y alguna propiedad lo creen realmente -generalmente su casa, aunque algunos se creen ricos cuando ya llegan a poseer un modesto e impronunciable Nissan Qashqai, lo he visto-.
Friedrich Hayek era economista y no filósofo. Le pasa algo parecido a Nassim Nicholas Taleb, que confunde a los estoicos con los cínicos. Qué gente tan pesada. Aún así me parece más sensata la influencia de Taleb, que por lo menos disuade a muchos de querer ponerse a invertir como si estuvieran locos, con el frenesí de un ludópata. Pero, aunque tengan mentes notables hay que cuestionar lo que digan estos eminentes economistas cuando se ponen a filosofar.
Con respecto al Estado, dirigido por los líderes elegidos por el pueblo, hay que decir que esperamos de él que nos conceda un amplio grado de libertad, aunque el Estado debe intervenir, no de forma excesiva, y debe hacerlo con justicia, y así este ejercicio de gobierno debe ser llevado a cabo por alguien con experiencia y perspicacia, no por filósofos ni por sirvientes de los capitalistas, de la oligarquía (idealmente). Ningún gobernante es perfecto, pero los hay mejores que otros, pero las personas educadas sin adoctrinamiento pero sí con honradez, y afán de darles más conocimiento y que este sea verdadero, entienden que necesitan a alguien al mando que sea mejor que ellos y que les desee bienestar y prosperidad y cierta libertad de acción. Es de sentido común y no merece la pena seguir con esto. Sigamos.
Como decía, el capitalismo es oligarquía, tiende al monopolio y eso es malo para el libre comercio. El capitalismo es malo para el libre comercio, es oligárquico y finalmente se ha convertido en una ideología totalitaria (monopolista) y mantenida por un electorado desinformado y fanático. Esto lo estamos viendo en el trumpismo norteamericano o el mileísmo argentino. Los individuos que componen la masa enfervorecida por el loco de la motosierra, al grito de “¡surdos de mierda!”, creen que ellos también son capitalistas o pueden serlo. El heroísmo era el objetivo más elevado para comunistas o fascistas y para estos lo es el dinero, tener dinero, ser ricos, ser capitalistas, poseer capital. Piensan en dinero y entran en trance. Ni que decir tiene que son y serán timados, como todo aquel que pierde el seso cuando ve un fajo de estampitas con un billete encima. Lo vemos también en España entre el electorado que pretende ser de derechas cuando muchos se proclaman liberales, capitalistas o anarcocapitalistas. Lo vemos a diario. Cuando yo era joven fui seducido por este discurso capitalista, hablo con conocimiento de causa. Así el capitalismo, entendido como ideología, es populista.
El capitalismo y el libre comercio no son la misma cosa ni lo han sido nunca, como ya dije. El comercio es bueno, la mejor manera de distribuir bienes y servicios, y debe ser regulado, para evitar abusos. El capitalismo es oligárquico y es malo, es el imperio de los abusones. El capitalismo no es libre comercio. Y, como tiende al monopolio, es un obstáculo al libre comercio. Si en el comunismo el comercio está limitado en extremo y en el fascismo está intervenido -los fascistas han sido mejores economistas que los rojos, hay que reconocerlo- en el neoliberalismo, en el imperio del capitalismo, en la actual sublimación del capitalismo, el comercio parece ser libre pero el pequeño comerciante no puede competir jamás con la gran empresa, menos aún con Amazon, que no solo es enorme sino que ofrece también una forma de vida basada en el consumo a través de su plataforma sin tener en cuenta al comercio tradicional, salvo a aquellos que formen parte de su red de reparto. El capitalismo te permite comerciar, pero en los mercados que te digan: que no se te ocurra comerciar con los chinos ni establecer un sistema de pago alternativo al Swift, a VISA (The Vanguard Group y BlackRock ) o a Mastercard, que se lo digan a los brasileños. Coño, precisamente ahora, que los países que antes eran comunistas quieren comerciar. Deberían recibirlos con los brazos abiertos, pero no es así. Al capitalismo no le gusta el libre comercio.
Y estos liberales tienen ideas contrarias a la moral. Creen que el rico es rico porque lo merece (pensando siempre en ellos mismos) o que "la mayor muestra de un alto IQ es tú cuenta corriente". Son ideas totalitarias. Están dispuestos a dejar morir a aquel que no haya conseguido tener el dinero suficiente para mantener el estilo de vida de la época. En la época actual se han abandonado las tesis racistas, es decir, no se tiene en cuenta su raza para conceder a un ser humano los derechos de un ciudadano. Pero sí hay quien considera que los pobres carecen de la inteligencia necesaria para prosperar. En esto hay algunos que toman la riqueza como indicador de inteligencia, de capacidad cerebral innata, y hay otros que consideran que un deficiente desarrollo cognitivo te impide prosperar. Estos últimos tienen algo de razón, pues es sabido que quienes vienen de familias desestructuradas, tienen algún tipo de trastorno de la personalidad ni mucho menos una discapacidad cognitiva difícilmente van a rendir igual en el trabajo (principal fuente de ingresos) que quienes son felices y sanos, ni van a ser competentes para establecer relaciones sociales como aquellos. Vale, pueden tener algo de razón, pero es ese tipo de comentarios que son odiosos, y cada vez más es razón muy afinada para excluir a candidatos a un puesto de trabajo e incluso para establecer políticas laborales y sanitarias. Hay actualmente una tendencia clara de medicalización de personas inadaptadas al entorno social, personas que antes, hace un par de décadas, no hubieran tenido problemas para conseguir trabajo. Y como dije no se sigue un criterio racista, pero sí se establece la necesidad de sustituir a estas personas que ya no pueden adaptarse. Y así se usa la inmigración para sustituir a los trabajadores que tienen demasiados años o que no se adaptan bien, sin tener en cuenta la nacionalidad o el origen. Esto es algo normal hoy en día, casi todo el mundo lo acepta, incluso los del bando socialdemócrata. Y es algo capitalista, pues se siguen los criterios de máxima disponibilidad para el trabajo y juventud, porque a partir de los cuarenta años los trabajadores empiezan a tener achaques, y entonces no conviene tenerlos en nómina. Al fin y al cabo la inmigración se ha usado para que aumente el volumen de negocio, sobre todo en hostelería y turismo. Esto es un hecho político.
Recientemente, Larry Fink, CEO de BlackRock, comentó que se asoció el perfil ideológico a la capacidad de generar riqueza, en un proceso de cambio paradigma. Es decir, se adaptaban mejor a los cambios tecnológicos y a las nuevas maneras de administrar el patrimonio aquellos que aceptaban una serie de cambios culturales, generalmente asociados a la izquierda, como la ideología de género o la política migratoria. Estas novedades dieron lugar a lógicas controversias, y algunos que se oponían a ellas ya eran ricos, pero es cierto que una legión de pobres no adaptados han ido a formar parte del prosélito de partidos de extrema derecha, ¡que actualmente son capitalistas! Recapitulemos: la “izquierda” es capitalista y se adapta mejor a la banca electrónica y a las hipotecas leoninas y la “extrema derecha”, se adapte o no al nuevo paradigma, al nuevo estilo de vida, se declaran capitalistas o anarcocapitalistas y vitorean a Trump y a Milei, cuando han sido machacados ideológicamente por el capitalismo desde 2004, año primero de Facebook. Tanto izquierdas como derechas han sido abducidas por el capitalismo, pero al establecerse un nuevo paradigma ideológico esas izquierdas moderadas, socialdemócratas (que son liberales) se han adaptado mejor y sus modos son de mejor tono...
A pesar de que la mayoría de los votantes ya han sido abducidos hay disidentes, pero son una minoría de magufos, terraplanistas, podemitas, zurdos de mierda, terroristas o cualquier otra lindeza por estilo. Hannah Arendt dijo que el fascismo del futuro sería antifascista, que el totalitarismo del futuro sería antitotalitario, que rechazaría al comunismo y al fascismo, y ya lo tenemos: el capitalismo, el nuevo liberalismo, es ese nuevo fascismo. Viene reuniendo todas las condiciones desde los años sesenta, cuando se establecen las políticas de natalidad actuales y se establece una pretendida revolución cultural que es totalmente dirigida por el poder, durante varias etapas y con diversas variantes. Y, como digo, el capitalismo se ha sublimado, se ha comido a sí mismo, y se ha convertido en un movimiento antidemocrático. Incluso han publicado manifiestos contra la democracia (el de Peter Thiel es el último), estableciendo una “Ilustración Oscura”.
Es curioso, porque hace un siglo, en la tercera posición (contra el liberalismo), había quienes todavía eran demócratas. Pero después todo se enfocó al fascismo. Sucede algo similar, porque en este movimiento revolucionario capitalista conviven Peter Thiel, Federico Jiménez Lo Santos y Milei, por ejemplo.
La condición revolucionaria (revolución tecnológica), es otra característica que lo asemeja con los movimientos totalitarios del pasado: El capitalismo ya es eugenista -contra los feos y los pobres, los untermensch del capitalismo-, enemigo del libre comercio, populista, revolucionario y antidemocrático. Es el nuevo totalitarismo consolidado. Y aunque débiles, ya hay muchas voces que alertan sobre esto, aunque con moderación, porque nadie quiere arriesgar su estilo de vida y los periodistas suelen tener un trabajo más o menos bien pagado (no todos); algunos son ricos, como Carlos Herrera o como Julia Otero, que critican a Trump ambos.
La gran diferencia es que hace un siglo había hambre y mucho analfabetismo y el Antiguo Régimen acabó definitivamente en la Primera Guerra Mundial. Ahora hay ninis, legiones de analfabetos funcionales, pero no hay hambre. Pero estamos al borde de una guerra. Los parias de la Tierra ya no son el lumpen proletario sino los hombres, más pobres, con menos títulos académicos y habiendo perdido su dominio patriarcal. Ahora sólo hay que convertirlos en veteranos de la tercera guerra mundial.
Incluso han creado su propio estilo olímpico y paramilitar, con el mismo tipo de culto al cuerpo que los nazis o los comunistas. Su canon de perfección física son chicos y chicas jóvenes, muy altos, que hacen crossfit y lucen cuerpos musculosos, algunos muy tatuados. Pero no es una belleza sensual, es una belleza amenazante, incluso en las chicas, de cuerpos saturados de testosterona y prestos a matar a los especímenes inferiores que se les acerquen. Los atletas de Leni Riefenstal son mucho menos amenazantes ahora, pero en su época sí lo eran. Es una belleza inalcanzable, la belleza de unos dioses y diosas capaces de provocar la licuefacción de nuestros imperfectos cuerpos con un rotundo pisotón.
Y dejo para el final lo que es más evidente: el capitalismo tiene sus dictaduras bananeras. Estas eran antes de inspiración fascista, dictaduras militares aupadas por la CIA y caracterizadas por el toque de queda y los fusilamientos. Sin embargo ahora son dictaduras policiales en las que su líder hace de influencer en redes sociales y nacionalizan criptomonedas como moneda de cambio. El caso más evidente de esto es el de El Salvador y Nayib Bukele. Milei podría entrar en este grupo por su aventura con las criptomonedas y porque su triunfo no habría sido posible sin las redes sociales, pero estaría más en consonancia con Jair Bolsonaro, más chapados a la antigua y caracterizados por su total entrega a Estados Unidos e Israel, en detrimento de la soberanía de sus propios países. Quien apunta maneras de dictador bananero digital, por su histrionismo y forma de comunicar, es Abelardo de la Espriella, que acaba de ser investido. Ya veremos cómo se desempeña. Así que esta nueva forma de dictaduras bananeras digitales sería la última característica notable del nuevo totalitarismo capitalista, que ya toma forma propia sin ocultarse. Es cierto que Venezuela o Nicaragua también han intentado introducir las criptomonedas en su economía sin éxito (los otros tampoco tienen mucho éxito), pero no son capitalistas. No hablo de los Chicago Boys ni nada de eso. La verdad es que llevan ochenta años practicando y refinando el control social y la tortura. Pero aquellas dictaduras no se llamaban a sí mismas "capitalistas". Estas de ahora sí lo hacen, se han consolidado con un carácter propio. Y eso está bien, porque a ese egregor capitalista se le pueda ya dar forma y enfrentarlo.
Todo esto no lo he visto yo sólo, desde luego, muchos vienen advirtiéndolo, yo estoy uniendo las piezas de un puzle. Muchos autores actuales hablan de estas cosas, pero todos ellos confunden la actividad económica con el capitalismo, dan por hecho que los estados no pueden hacer nada contra este capitalismo (lo que no es cierto) y tienen un lenguaje muy confuso pretendidamente marxista o socialdemócrata. Como ya expliqué antes forman parte del problema, porque viven muy bien, cuando el problema es que el capitalismo ha invadido de manera intolerable la política de los estados y está aumentando la desigualdad al tiempo que disminuye la libertad de comercio, en favor de los monopolios y el domino anglosajón y sionista. Y otro problema es que a esto le llaman "fascismo", pero es otra cosa nueva, como vengo exponiendo en este artículo. La conexión que el fascismo tuvo con la oligarquía, el capitalismo, resultó en que la oligarquía venció, se los comió. No son fascistas (que eran anticapitalistas), son otra cosa nueva que se ha ido creando durante los últimos ochenta años y ahora emerge exultante para prevalecer: el capitalismo ha devenido en el nuevo totalitarismo consolidado del siglo XXI como una “hiperoligarquía” directora de un imperio mundial, dueño incluso del celeste espacio exterior conocido.
Ernesto García-Testón Gómez a 08 de agosto de 2026.
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