Brigitte Helm durante el rodaje de Metrópolis en 1926.
Vivimos en la dictadura del futuro. No me refiero a que vivimos en una dictadura distópica como las de la literatura o el cine de ciencia-ficción. Quiero decir que el tipo de dictadura o dictablanda en la que vivimos, desde 1975, es la dictadura del diseño de futuros. Este concepto del diseño de futuros se ha dado ya a conocer, por lo que está superado y consolidado y ya no podemos hacer nada. En el mundo político sería una dictadura del diseño del futuro a largo plazo, una dictadura de las agendas y de los planes imperiales. El capitalismo también diseña el futuro de la sociedad de consumo y el dominio del monopolio. Los plazos se aceleran y hoy en día nos vemos en el futuro inmediato, sin poder alcanzarlo nunca, es angustioso. Tu dinero no compra cosas, compra tiempo. Los parámetros que afectaban a nuestra vida como el conocimiento o el nivel económico siguen vigentes, como la fuerza de la gravedad. El tiempo sigue siendo aquello que pasábamos hacia la vejez y la muerte, pero para unos es más apremiante que para otros. Y ahora el tiempo, en la Era de la Información, es algo que arroja sobre nosotros acontecimientos supuestamente predecibles. Si no eres capaz de predecirlos, peor para ti. Dependiendo de nuestro nivel económico, nivel cultural y conocimientos de ese futuro podremos adaptarnos mejor o peor a ese futuro que nos alcanza. Si es peor, si estamos condenados a la pobreza y la irrelevancia, resulta inevitable pensar en sabotear el diseño de futuro que nos imponen, ¿pero no sabotearíamos así nuestra propia línea temporal? Porque no voy a hablar del futuro de la humanidad sino del futuro subjetivo de cada individuo y de la percepción que cada uno de nosotros tiene del mismo. Nuestras decisiones personales son importantes y no debemos dejarlas tan sólo a las órdenes de nuestra percepción y nuestras emociones.
Digo que el diseño de futuros es una dictadura porque, aunque se celebren elecciones, no podemos cambiar nada. Tampoco sirve de nada protestar, porque todo estaba ya previsto. Y nuestra reacción puede ser usada en favor de algún poder no democrático, como estamos viendo estos días en los que algunos países de la UE están sufriendo disturbios. El pánico es fluido, pero los ciclos suelen cumplirse, no perdáis la calma. Reaccionar puede sacarte de la línea de futuro correcta.
En el anterior artículo traté la consolidación del capitalismo como la dictadura del siglo XXI, cumpliéndose las predicciones de Marx -hay que reconocerlo, fue un visionario en muchas cosas-, aunque estas se han superado, porque es la dictadura de la burguesía, pero una burguesía poseedora de información y tecnologías muy poderosas. Parte de la burguesía queda relegada al pasado inmediato y la parte más poderosa vive en el presente y posee la tecnología de predicción (que requiere nuestros datos e imágenes robadas de nosotros). Usé como recurso de autoridad a Hannah Arendt, porque es una filósofa muy conocida y citada, porque haciendo eso, pensé, los liberales que leyeran ese artículo entenderían de qué estoy hablando. Hice trampa, lo confieso. Pero sí es cierto que el capitalismo puede ser el gran totalitarismo antifascista futuro del que hablaba Hannah Arendt y que padecemos un siglo después del advenimiento de los dos grandes totalitarismos, ya consolidado este, el capitalismo, de manera inevitable (es otro -ismo). Podría ser el capitalismo, poseído por el espíritu de la Ilustración Oscura (una anti-Ilustración), el totalitarismo antifascista del que hablaba la filósofa alemana, reitero. Podría ser, pero ya os dije que hice trampa. Pero el tiempo y la predicción del futuro se ha convertido en algo muy importante en este mundo del capital. No basta con ser burgués para estar en la pomada. Los burgueses y sus empleados, todos los agentes activos en el capitalismo, tienen el impulso irrefrenable de tomar decisiones continuamente, para no quedar obsoletos. Y para poder tomar decisiones que no les condenen al olvido inmediato necesitan predecir el futuro. Es una situación que nos obliga a todos a no salir de la zona de certidumbre, si la tenemos.
La predicción del futuro para la toma de decisiones ha sido un arte al que los líderes de mayor o menor rango han recurrido desde la prehistoria. Los chamanes, augures, sibilas y brujos leían el vuelo de los pájaros, las entrañas de esos mismos pájaros, el movimiento de las ígneas llamas, el humo, brumas sobre superficies reflectantes, agua, piedra pulida o metal, o en el interior de bolas de cristal. A veces acertaban y otras no. Entraban en trance con rezos, música y sustancias psicoactivas y ponían en marcha su saber metafísico en una meditación sobre el futuro. Pero el secreto profundo de su arte no estaba, como creen los idiotas modernos, en las drogas psicodélicas. Para enfrentarse a estos ritos el mago debía purificarse, purgarse, rechazar el pecado, de acuerdo a una Década-Dodécada (Textos Herméticos), Las Cinco Constantes (Mencio), los Cinco Yamas del Sadharana Dharma, etcétera, los equivalentes a nuestros 10 Mandamientos y 7 Pecados Capitales. La norma moral, dictada por la divinidad, había de tenerse en cuenta. En el I Ching, por ejemplo, jamás se propone nada que no sea conducirse cabalmente. Sin embargo, hoy en día la ética queda por detrás de los cálculos matemáticos, la técnica y las restricciones legales una vez que se haya establecido una estrategia basada en la predicción, el comportamiento cabal es estético. Pero también había que considerar algo que estaba por encima de todo: el devenir. Hoy en día no se tienen en cuenta las consideraciones espirituales que estén más allá de la psicología (aunque la psicología bebe de la magia) y bajo ningún concepto se tiene en cuenta el devenir como hecho divino. Y en esto hay un grave error. Intentaré explicarlo de manera sencilla.
Adivinar es leer el devenir y anticiparlo. Hoy en día se utilizan los conos de futuro, árboles de futuro o cálculos de teoría de juegos. Pero las consideraciones antiguas sobre la lectura del devenir no eran menos racionales. Para decidir hay que leer el devenir y saber qué lugar ocupas en el universo. Así sabes qué hacer, sólo necesitas quererlo hacer y poderlo hacer. Y aun así puede ser un acto de soberbia que altere ese devenir y fastidie a todos los demás, de ahí que siempre se tuviera en cuenta la norma moral, el deber supremo, para no alterar el devenir de manera traumática y dañar la obra divina, para no incurrir en la hibris. Y por eso siempre existió la opción de no hacer nada, aunque es difícil estarse quieto si te dominan el miedo y la soberbia. Así en el mundo actual no puedes dejar de tomar decisiones continuamente, por que si permaneces inactivo puedes quedar obsoleto en cuestión de días, o podrían pensar que eres incompetente. Bien es cierto que se analiza la posición de la empresa en el mercado, el impacto social y ecológico (para que no te denuncien) y otras cosas, pero al final todo se reduce planear y poder implementar esos planes. Si conoces el futuro y no puedes adaptarte a él, porque no tienes los medios, estás fuera. Pero ahora bien, los antiguos creían que el augur les transmitía un mensaje de los dioses, y los modernos creen poder dominar las líneas de tiempo. Al final, más que predecir lo que han decidido es asegurarse, diseñar el futuro. ¿Puede haber mayor soberbia que esa?
Puedes hacer una predicción buenísima y saber que, en un contexto concreto, debes hacer algo concreto y que eso es lo que te conviene y que todos lo celebrarán, que serás bienvenido a un nivel superior. Pero imagina que no puedes: no tienes dinero, no tienes los medios, no sabes hacerlo. Cuando subes de nivel y haces cosas nuevas, aprendes cosas nuevas. Es maravilloso. Pero no puedes, estás pelado, se cancela la fiesta. Entonces no tienes más remedio que volver a elaborar una estrategia. La predicción sirve entonces para sobrevivir, quizá caes a otra línea evolutiva: todo lo que hagas y aprendas a partir de ahora te alejan de las líneas superiores, no estás en eso.
Y así llegamos al tema de la desigualdad. Lo de la desigualdad es muy obvio: ¿qué más desigual que dos líneas evolutivas diferentes? Imaginad, un ornitorrinco y un lagarto escorpión mexicano, no se parecen en nada, salvo en que ponen huevos. Dentro de mil años uno existirá y el otro no, posiblemente. Pero claro, yo no me refiero a la desigualdad de la evolución genética de las especies animales, me refiero a la evolución social de los grupos humanos, a que en un mismo país, una misma cultura, una misma civilización, coexisten grupos humanos en líneas evolutivo-temporales diversas. Sería parecido a que convivan bosquimanos con palentinos en un mismo tiempo y espacio (eso es posible hoy en día gracias a la aeronáutica comercial), y no convivirían realmente, dadas sus diferencias: su relación sería efímera sin un profundo proceso de adaptación por parte de uno u otro grupo. Me refiero a que convivimos ricos y pobres; expertos en finanzas, inversores y clase media ajena al mundo financiero; expertos en tecnología (programadores), obreros, trabajadores del sector servicios y lumpen sin preparación; cyborgs, grinders, biohackers, fanáticos del wellness, softbiohackers naturalistas, culturistas y gente normal, dedicados a sus labores, que pasan muchas horas sentados y que no pudieron jugar en primera porque se lesionaron una rodilla. Los grupos más especializados usan lenguajes especiales para comunicarse entre ellos, tienen un nivel de competencia muy alto en sus respectivas especialidades, una adaptación financiera óptima y tienen también un mayor conocimiento de lo que depara el futuro, quizá lo diseñen ellos -serían economistas, ingenieros y programadores principalmente-. Pues bien, en el contexto actual, en el que las ventanas de oportunidad se abren y se cierran con gran velocidad y la transformación social es cada vez más rápida, habrá grupos que se conviertan en bosquimanos, a cien mil de años de los grupos superiores. El sistema educativo no está adaptado a una realidad de distintos niveles de civilización en una sola.
Quiero decir con esto que convivimos varias líneas evolutivas al mismo tiempo -de evolución mental y también física, por las mejoras corporales-. Tenemos cuerpos parecidos y el mismo idioma nativo, tenemos las mismas reglas básicas de vestimenta, simpatizamos con la misma religión o somos fieles de ella, comemos cosas parecidas, pero cada vez más las líneas social-evolutivas se van separando. Si hace años no supiste cómo iba a ser el presente y no hiciste determinadas cosas o hiciste determinadas otras estás en una línea evolutiva de la que ya no puedes salir. Por supuesto, si dejas de trabajar, si contravienes las normas más básicas, puedes caer a una línea inferior. Esa posibilidad alimenta las pesadillas de los posthumanos. A los especímenes de líneas inferiores a la élite, la idea de la caída les hace entrar en pánico, por eso necesitan constantemente información y buenas predicciones, por eso no se están quietos jamás y no pueden pasar ni un solo día sin tomar decisiones, lo que aumenta la aceleración de acontecimientos económicos y sociales. Realmente sigue siendo muy difícil impedir que alguien haga alguna estupidez, pues imaginad toda una masa social controlada por mensajes emocionales. Y más difícil aún es impedir que personas con mucho poder se aprovechen de los primos menos evolucionados, y por eso, entre otras cosas, hay burbujas financieras. El dinero de los idiotas es tan bueno como el de cualquiera, y sus hermanas también están buenas. Los inferiores sirven a los superiores. Es un orden dictatorial con apariencia democrática y naturaleza cibórgica.
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¿Os imagináis que dentro de mil años todo se ha ido a la mierda y sólo han sobrevivido los ornitorrincos? Sería divertido.
Nunca se ha podido ascender de una casta a otra superior, de un estamento a otro superior. Lo que se viene produciendo desde el siglo XX hasta ahora no es el resurgir de las castas o los estamentos sino la aparición de líneas social-evolutivas de las cuales ya no puedes huir hacia otra superior. Esas son las nuevas castas, los nuevos estamentos. La eliminación de los estamentos hizo posible que las clases más bajas pudieran aspirar a ser burgueses, pero esto ya no funciona así. Y la élite tampoco conoce el futuro (nadie lo conoce), simplemente tiene información privilegiada y tiene dinero y medios para poder alterar el devenir y reaccionar si lo necesita.
Como consumidores siempre perseguimos al tiempo. Perseguir el tiempo es un esfuerzo inútil. Piensen en algo: si se pone de moda el color naranja, si lo veis en la ropa que hay en todas las tiendas, el color naranja automáticamente pasa a ser de horteras. ¿Por qué esto es así? Porque las élites llevan ya un año o dos aburriéndose de ese color. Como es lógico no van a compartir con cualquiera lo que hacen.
Antes no hice mención al cociente intelectual, pero va a ser determinante para que algunos especímenes de líneas inferiores sean escogidos para ascender, porque serán los únicos con un cerebro capaz de manejar la matemática de la tecnología y el dinero y proporcionar a la élite los mejores cuidados y modificaciones. Por debajo de líneas más altas habrá seres humanos con habilidades especiales como el pensamiento o la curación naturalista, el cultivo de la belleza, el placer, el arte, la artesanía y la habilidad con las máquinas. Por debajo estará todo el sector servicios que atienda a las líneas evolutivas superiores. Y por debajo estarán el lumpen proletario que haga los trabajos peores, con toda la gama de inferiores productos y servicios que necesiten, que ellos mismos se producirán y servirán.
Y estas cuatro líneas de evolución social que he descrito serán nuevas castas. Quiero darle un nombre a cada una sin que estos se parezcan a los védicos. Acepto sugerencias. Os doy yo una sugerencia: si os gusta el cine de ciencia-ficción todo esto me recuerda a Metrópolis y a GATTACA, dos excelentes películas de ese género. Todo este asunto que tratamos podemos imaginarlo como una combinación de ambas películas. Pero dudo que haya un encuentro catártico entre Grot y Fredersen, lo más probable es que el devenir y la historia sigan su curso y el ser humano llegue a otro techo de la civilización, con unos órdenes sociales muy turbios y complejos, como siempre han sido.
Piensen con detenimiento a qué línea evolutiva pertenecen ustedes y sus hijos realmente, qué posibilidades tienen y qué esfuerzos son los que deben hacer para estar mejor y dar sentido a su existencia. Tampoco olviden que la fuerza de la gravedad está ahí y que todo cae si pierde el suelo donde apoyarse. Es aquí cuando resulta necesario pensar en si merece la pena intentar saltar a otra línea temporal, si merece la pena entrar en el juego, dado que vamos a morir y debemos invertir parte de nuestro tiempo al goce. Todos tenemos que morir. ¿Acaso no podemos aceptar que otros mueran más viejos y con más riqueza y comodidad? Es posible que otros merezcan morir con más riqueza y comodidad que yo, personas que son mejores que yo. ¿Un político merece morir con más riqueza y comodidad que yo? Las cucarachas, los políticos sobrevivirán al invierno nuclear y sólo quedaran ellos sobre la tierra. Quizá también los ornitorrincos.
No debemos angustiarnos tanto por el paso del tiempo ni debemos sentirnos obligados a actuar constantemente para no perdernos algún negocio imprudente. Hay que pensar que cada acto tiene consecuencias insospechadas. Hay que contemplar también la opción de no hacer nada. Si el color naranja llena las estanterías de las tiendas, quizá lo mejor sea recurrir al pensamiento lateral y vestir con otros colores. Si bien puede ser peligroso sabotear líneas de futuro, sí puede ser interesante abrir líneas nuevas o rectificar líneas torcidas. Y si tu línea está torcida no debes seguir al rebaño ni hacer lo que venías haciendo: piensa en otra cosa.
Termino aquí mi breve ensayo, mi ejercicio de adivinación. Quien lea esto pensará que estoy creando otra distopía de ciencia-ficción, planteando un escenario ominoso, pero no es así, estoy tratando el futurismo, de una frontera temporal no muy lejana, basándome en lo que observo desde hace años, desde una perspectiva espiritual y metafísica. Porque el futurismo trata no de predecir y de diseñar el futuro sino de alterar la existencia del futuro, y se hace necesario analizarlo así como digo. Claro, que me puedo equivocar, como cualquiera, al dar esta visión, pero así como lo describo es como veo el mundo, les ruego que me disculpen.
Ernesto García-Testón Gómez a 23 de octubre de 2026.
Ernesto García-Testón Gómez 2026.
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